EL SINDICATO Y EL COMITE

 

El último congreso realizado por el PIT-CNT debe llamarnos a la reflexión sobre algunas de las conclusiones y resultados que se produjeron.

 

En el mismo hubo un notorio triunfo de las corrientes más moderadas ( si a “comunistas” y “socialistas uruguayos” les cabe el adjetivo ) que conforman la dirigencia de nuestra central sindical que pudo llevar adelante las reformas planteadas, en especial en cuanto a la integración del órgano principal de la organización. Pero hubo un tema que para nosotros es esencial y las conclusiones a las que se arribaron no dejan de ser sorprendentes. Los congresales analizaron el futuro relacionamiento con un futuro gobierno de izquierda en caso de que este hecho llegue a consumarse en las próximas elecciones.

 

Mas allá de la conveniencia de la discusión ( tal vez sería mejor que el PIT-CNT esperara a que el triunfo de la izquierda se concrete para generar este debate ) y la discutible representatividad que hoy tiene la central sindical con el porcentaje de afiliados más bajo de su historia, es evidente que se trata de un actor social de absoluta relevancia que se encuentra procesando una discusión de un profundo cariz político que no debemos obviar.

 

Lo cierto es que el PIT-CNT, ante la eventualidad de un gobierno del Encuentro Progresista, ha resuelto tener una actitud de expectativa y tolerancia, anunciando meses antes posiciones conciliadoras fundadas en una posible similitud y coincidencia de ideas. Esta no puede ser nunca una conclusión negativa. Es lo que se espera de un actor responsable que es conciente de que sus decisiones son trascendentes para la vida del país. Lo que a todas luces resulta criticable es que la decisión tomada no tiene precedentes en la historia reciente de nuestros gremios ya que ese “cheque en blanco” firmado con mano tolerante no se le ha librado a ninguna de las administraciones anteriores que han sido y son tan representativas de la voluntad popular como lo puede llegar a ser, en caso de concretarse, la del Encuentro Progresista. Los Presidentes y los Gobiernos son electos por todos los uruguayos y representan a todos los uruguayos. La desconfianza y la suspicacia han sido las monedas que nuestra central obrera ha brindado a las Administraciones pasadas aún antes del comienzo de las mismas; ni tolerancia, ni “compás de espera” ni comprensión. Primero se desata el conflicto y luego se negocia. Esta ha sido la estrategia que se ha repetido una y mil veces y que ha condenado al fracaso a cualquier conversación aún antes de que esta comenzara, tomando muchas veces de rehén a los uruguayos y, en especial, al que menos tiene, como en los casos de los paros sorpresivos de transporte.

 

Es de esperar que esta misma actitud tolerante sea la que tenga el PIT-CNT en caso de que sea otro el triunfador en las próximas elecciones. Esta es una cuenta pendiente que se tiene no con un Presidente y ni siquiera con la clase política, de la cual muchos dirigentes sindicales pasan a formar parte luego de alcanzar notoriedad como consecuencia de su trabajo gremial. Es una cuenta que está pendiente con el pueblo uruguayo y las deudas, más tarde o más temprano, de una forma o de otra, se terminan pagando.   

 

Agustín Cobas