Cambia
la oposición
El
paso por el gobierno, implanta en los cuadros partidarios un sentido de
pertenencia diferente. Gobernar implica que individuos con formación técnica o
política que ocupan diferentes responsabilidades deban por el tiempo de sus
obligaciones transformarse en especialistas reales de los temas de abordaje, y
que sufran por ese periodo los miles de contratiempos con que nuestra maraña estatal despierta día
tras día. El pasar de administrado a ser administrador es la metamorfosis más
significativa en cualquier ser humano que quiera servir a la Patria y es a la
vez una experiencia muy difícil de borrar.
En
nuestro Partido Nacional, sensatamente, se ha cultivado la cultura del llano,
del ideario heroico, del servicio sin contraparte, del principismo
a ultranza. Así hemos sobrellevado la mayor parte de nuestra historia como
fuerza política y a la vista de los resultados esta estrategia que pasa
generación tras generación es la que nos permite hoy por hoy no solo estar
vivitos y coleando sino que esperanzados en el nuevo tiempo que nos va a tocar
vivir. Pero también es cierto que desde la restauración democrática hasta la
fecha, los blancos hemos logrado construir una cultura de gobierno que complementa
perfectamente la lógica romántica de la que hacíamos referencia. El paso por el
Gobierno Nacional, el surgimiento de liderazgos departamentales y las
coaliciones del pasado permitieron que muchos dirigentes de nuestra
colectividad se especialicen en el difícil arte de gobernar y por ello saber de
primera mano que es lo que se puede hacer y que es imposible de lograr.
Por
tanto es igualmente significativo para el Uruguay el cambio de gobierno, la
llegada de la izquierda al poder, la alternancia de las máximas
responsabilidades como la conformación de la nueva oposición que tiene en el
sentido del deber una forma axiomática de palpar la realidad nacional.
La
conjunción del principismo nacionalista y la
existencia de cuadros de gobierno formados en estos difíciles momentos son la
garantía para todos los orientales de que la gran traba nacional inicia a
partir del primero de marzo su proceso de desaparición.
Porque
ahora sí, que la utopía deja el paso a la responsabilidad, la queja deja el
paso a la justificación, la retórica vacía carece de sentido y la expectativa
es la que reina.
Hay
que tener una economía estable, que sea competitiva, que cumpla con sus
compromisos, que permita mejores niveles de asistencia en salud, que mejore la
educación, que genere recursos para sentirnos seguros, y que logre la cobertura
social en todos sus términos, desde las pasividades hasta las prestaciones
menores. El gobernar significa también no darle la espalda al mundo, sufrir los
embates de la modernización y poner las energías en corregir las secuelas de por lo menos diez
años de perdida de tiempo.
Para
todo este entrevero es que el Dr. Vázquez puede contar en su condición de
primer mandatario de todos los uruguayos con la saludable oposición del Partido
Nacional. Para no seguir discutiendo si un país puede gastar mas de lo que
recauda, para no continuar con el interminable debate de cuales son las
actividades a realizar por el Estado, para erradicar el abuso contraproducente
que ha significado el instrumento del referéndum en la democracia
representativa y para darle firmeza en todas aquellas herramientas
modernizadoras que la desconfianza maniquea ha desplazado en aras de una lógica
de acumulación electoral que cumplió sus objetivos el pasado 31 de Octubre.
Hoy
somos la principal fuerza política de oposición, la que co
existirá en la administración de poder en todo el territorio nacional con
nuestras intendencias, y la que tiene grabado a fuego en sus acciones el
sacramento consuetudinario que nos ha legado el Esc.
Dardo Ortiz de que lo que es bueno para el país es bueno para el Partido
Nacional. Esperamos por el bien de todos que se sepa aprovechar.