UN CAMBIO,
YA!
Desde
este espacio de comunicación venimos siendo especialmente críticos del
desempeño del Gobierno Nacional.
Así
nos hemos ocupado de marcar nuestras discrepancias, las que se dan
prácticamente en todos los planos.
No
estamos conformes con lo hecho en materia
de: salud pública,
seguridad, protección social,
energía o educación, para citar algunos ejemplos.
Pero
lo que particularmente nos preocupa es que los peores desaciertos se dan en los
campos de decisión a los que de ninguna manera se debería descuidar.
En primer término: las relaciones
exteriores.
Uruguay
sigue sin decirle al mundo para donde vamos. Un día se amaga con avanzar sobre
un tratado de libre comercio con Estados Unidos, y al otro como con vergüenza
se sale a bailar cheek to cheek con Chávez o el mismísimo Fidel Castro.
Las
señales, ya lejos de ser confusas, son indescifrables.
No
es por accidente ni casualidad que Uruguay no tiene Embajador de Estados Unidos
hace ya más de un año. Nos manejamos tan solo con un respetable Encargado de
Negocios, porque Washington sigue sin designar su representante. ¿Casualidad?
¿Desidia? , o ¿una simple señal diplomática?
Al
definir el rumbo no se puede ser ambiguo, o se va al norte, o se va al sur.
Pero
no se puede pensar que los demás son tan ingenuos como para no leer nuestra
ambivalencia.
Esta
es la peor área de gestión del
gobierno.
En el otro escenario en el que se
cometen gravísimos errores es en el del clima de la inversión.
En
un contexto mundial ampliamente favorable para que el País reciba un fuerte
flujo de inversión extranjera, nos limitamos a ver como se administran con
dificultad los emprendimientos que heredó el gobierno en el área de la
industrialización de la madera.
Aparte
de eso, poco más.
Es
que la inquietante falta de certeza política que lleva a marcos jurídicos
cambiantes en los asuntos laborales y tributarios, es como para espantar al más
osado.
Para
crecer, Uruguay tiene que vender bienes y servicios. Para ello resulta
imprescindible que haya un adecuado
escenario que sea amigable para la radicación de capitales afectados a la
producción, en un armónico equilibrio con una agresiva política comercial
enmarcada en una inteligencia de inserción internacional que lamentablemente
falta a la cita.
En
un artículo publicado en La Nación de Buenos Aires el 12 del corriente, el
Prof. Pablo Da Silveira, de la Cátedra de Filosofía Política de la Universidad
Católica del Uruguay, hablando sobre el manejo del tema de las plantas de
celulosa se refirió a “la falta de profesionalismo y a la escasa estatura
política del actual gobierno uruguayo”.
Lo
que se está dando es que estamos pagando muy caro el error que produjeron las
urnas al instalar en el Edificio Libertad a gente que llegó criticando y
prometiendo, sin ningún plan estratégico que pudiese alentar a llevar adelante
un gobierno que al menos tuviese un rumbo cierto.
En Materia de Relaciones Internacionales y de promoción de la inversión, exigimos un cambio radical, YA!
Alvaro Alonso