CAPITAL PACIENTE E INTERÉS CRISTIANO

 

Se han divulgado los indicadores de la evolución de precios de alimentos entre febrero de 2002 y julio de 2003, índices que señalan un aumento de 36.7 %, contra un aumento general del 32.2 % y que se desagregan en:

                        Pan                                         35 %

                        Carnes                                  57 %

                        Lácteos                                  45 %

                        Aceite                                                 67 %

                        Verduras                               16 %

                        Frutas                                                   5 %

                        Azúcar, Yerba, Café, Té       49 %

                        Arroz                                       94 %

                        (Fuente: Diario El País del domingo 10 de agosto de 2003)

 

Si bien es oportuno remarcar que el período es arbitrario y se está tomando como inicio del mismo el mes de febrero de 2002, cuando pocos uruguayos podrían estar considerando los sucesos que vendrían con la corrida bancaria a partir de ese mes y sus consecuencias en el sistema bancario y el mercado de dinero y capital, y por otra parte el mes de julio de 2003 cuando las consecuencias de la crisis ya han mostrado todas o casi todas sus consecuencias.

 

Lo cierto es que detrás de estos indicadores, y teniendo en cuenta la casi congelación de hecho en los salarios de los trabajadores y el aumento del desempleo en el período, podemos concluir que la población tiene notoriamente un menor poder de compra con sus ingresos y en realidad se ha empobrecido. El lector dirá que esta es una conclusión de Perogrullo, pero lo que queremos señalar que los números comprueban una realidad y que detrás de ella hay personas reales de carne y hueso (hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos) sobre todo aquellos de menores ingresos que sufren las consecuencias de esta evolución de precios, aunque el efecto lo siente toda la población.

 

Pero debemos ser sinceros y a nuestro entender, la evolución de precios en este período muestra una tendencia que aún no se ha revertido y que probablemente agudice más la pérdida del poder adquisitivo, ya que:

1.      La escasez de producción de algunos (trigo: el cultivo estuvo afectado –fusarium- por problemas sanitarios y además pierde área en beneficio del cultivo de cebada y soja),

2.       El aumento del precio internacional de otros (arroz: el precio internacional de la bolsa casi se duplicó en los últimos seis meses), y

3.       La apertura de nuevos mercados o reapertura de otros (leche: comenzó la exportación de leche líquida hacia Argentina y por tanto las plantas procesadoras uruguayas debieron ajustar sus precios a la suba para mantener la remisión de leche de los productores; carne: se reabrieron los mercados luego de la veda sanitaria como consecuencia de la epidemia de aftosa en la región, y los precios si bien no han logrado los niveles previos a la enfermedad, ya han recuperado buena parte de su caída),

Todo ello repercute en una disminución de la cantidad de oferta para consumo interno y alienta los precios a la suba..

 

Nuestra preocupación es porque entendemos que no pueden haber políticas de estado en salud, educación, vivienda y seguridad sustentables, si no se asegura un nivel alimenticio adecuado y acorde a las pautas de consumo históricas de la población, sin que ello afecte la exportación de productos nacionales los que nos generan las divisas, que tanto necesitamos para el pago de importaciones y el servicio de nuestra deuda externa.

 

El camino que proponemos es el mismo que tomo Europa y los Estados Unidos. Asegurar la producción de productos básicos de consumo: pan, carne y leche. Esto debe ser tan importante o más y así estratégico para el país como lo fue el esfuerzo por detener la crisis del sistema financiero, con su costo de alrededor de 2.500 millones de dólares.

 

Compartimos la inversión en el sistema financiero. Quizás hubiéramos hecho algo distinto y en distinto tiempo, pero cualquiera acierta el pronóstico del tiempo con el diario del día siguiente.

¿Porque ahora decimos que coincidimos con lo hecho? Porque entendemos que debemos hacer lo mismo con los sectores productivos, encarar una solución de fondo y sustentable.

 

Recuerdo que cuando la caída de la tablita y la devaluación de noviembre de 1982, teniendo aún muy dogmatizado el aprendizaje de mi profesión no comprendí la decisión del gerente de la empresa multinacional para la que trabajaba en aquella época. En ese tiempo se vivía la alegría de un dólar barato –el deme dos que había hecho famosos a argentinos y uruguayos en el mundo- y de un gran endeudamiento en moneda extranjera de particulares y de empresas. El ajuste de precios de los productos importados que se vendían en pesos era para mi tan obvio como claros en las políticas establecidas por la compañía, y por tanto propuse la inmediata corrección de precios de acuerdo a la evolución del tipo de cambio. Con gran sorpresa, el gerente mantuvo los precios en pesos por 24 horas y aceptó pedidos de todos los clientes, con crédito disponible, vencidos o no, por una cantidad que sobrepasaba el stock de mercaderías en depósito y agotaba el total de las importaciones que estaban en trámite, con la consiguiente pérdida para la compañía, lo cual resultaría en una pérdida neta para el ejercicio económico de 1982. Años después comprendí la gran astucia del gerente que yo cuestionaba. La transferencia de utilidades de la empresa a sus clientes transformó a los distribuidores en la red más fuerte y fiel del sector, hecho que aún hoy, veinte años después le permiten cosechar los resultados.

 

Entonces, proponemos tomar estos ejemplos. Comprender que es tan importante sostener el sistema financiero y bancario como sostener el sistema productivo, y exhortar a las autoridades a actuar como aquél gerente, que alguna vez no comprendí, con el objetivo de fortalecer a los productores de alimentos –trigo, arroz, carne, leche- que hoy no tienen posibilidades de aumentar su producción por falta de inversión y asegurar así el consumo futuro de alimentos básicos de la población y el aumento de la exportación al mismo tiempo. Queremos una sociedad con sus necesidades básicas satisfechas para proyectarnos con fortaleza hacia el porvenir, con posibilidades de desarrollo para todos, que permitan el pleno empleo, salud básica asegurada y una educación por la que se igualen las oportunidades de todos los uruguayos. Que no se entienda que proponemos un perdona tutti, sugerimos lo del título, que haya un capital paciente con un interés cristiano.

 

Carlos Cobas