A   DEDO

 

La semana pasada el gobierno votó su proyecto de ley que modifica el régimen de ascensos al grado de General en el Ejercito Nacional.

 

El criterio aplicado hasta ahora,  fue el de seleccionar de entre los que tienen el grado inmediato anterior, a aquellos Coroneles que se encuentren en el llamado tercio superior de los que estén en condiciones de ascenso. En ese grupo reducido se encuentran aquellos que tienen mejor calificación y que reúnen las condiciones de promoción con más merito.

 

De ahora en más el Poder Ejecutivo podrá ascender al grado máximo a todos los que se encuentren dentro del centenar de Coroneles que revistan en la fuerza.

 

Se le da al Presidente de la República una discrecionalidad absoluta al momento de elegir, con lo que se vulneran expectativas generadas muchas veces en varios años de servicio, siendo postergadas las mismas en virtud de las preferencias  políticas del gobernante de turno, las que pasan a ser predominantes.

 

Algo similar se da en el Servicio Exterior. Los cargos de embajadores de designación política fueron ya duplicados por decisión del Ejecutivo. Ahora, en la ley de Presupuesto se establece la potestad de designar como jefe de misión una cantidad importante de funcionarios de carrera que no necesariamente tengan el rango de Embajador. La combinación de estas dos medidas habilita a que el gobierno cubra el 80% de las embajadas con gente de su “confianza”.

 

A todas luces estamos ante una explosión de avance de la discrecionalidad del gobierno al momento de hacer designaciones que supera todo margen de tolerancia.

 

Tanto en las Fuerzas Armadas como en la Cancillería, existen procedimientos de ascensos, carreras funcionales, especializaciones y derechos que de un plumazo pasan a ser historia. Los sistemas de ascenso, promocion y jerarquía dan paso a la más condenable de las formas de selección. Ahora, en el Uruguay, para ser Embajador o General se va a tener que estar a la espera de la designación a dedo.

 

Alvaro Alonso