Si se aprueba el aplazamiento de las internas, el pueblo, la economía y el sistema político nacional, estará a lejanos 400 días del comicio electoral, los que como cualquier orden en la vida, se podrán aprovechar o no.
Nadie duda que una campaña
presidencial, lleva su tiempo, tanto en el posicionamiento del candidato, la
presentación de su propuesta y la divulgación que en forma directa y personal
se debe hacer para contar con el beneplácito personal, pero en circunstancias
terriblemente dramáticas como las sufridas por nuestra sociedad las instituciones
de gobierno, todas ellas, tienen para lo que resta del año en curso y el inicio
del siguiente el imperioso deber de no desatender sus prioridades.
En un período de 6 meses se hizo
trizas un elemento fundamental para cualquier Nación como es la confianza. Ese repentino y abrupto despertar evidenció
por su magnitud, la volatilidad de algo intrínseco para todos los orientales,
como lo fue la solidez de nuestro sistema financiero.
La evidencia empírica de las
crisis financieras surgidas a posteriori del Plan Brady demuestra el
paralelismo entre la seriedad del gobierno y la rapidez en recobrar su
confianza.
Así Corea, Rusia y México
encontraron la luz al final del túnel después de haber sufrido embates
superiores a los nuestros y hoy los términos “efecto tequila o vodka” forman parte del anecdotario
económico cuando en el mayor de los casos acontecieron hace menos de una
década.
Si Uruguay observa, estudia y
aprende de esos fenómenos, tendrá un camino a seguir.
El 2003, ofrece un campo lleno de
oportunidades, un año en donde sólo en su primer semestre, se consolida la
institucionalidad regional y en donde si Dios quiere podremos aprovechar la
última carta de crédito que el mundo organizado ofrece, y hacer realidad y con
singular éxito el reperfilamiento de nuestra deuda pública.
Ahora, si la inercia nos gana y
nos contentamos solamente con despejar esas incertidumbres del corto plazo,
estaremos siendo profundamente ingratos con todo el ejemplo de sacrificio que
ha dado nuestro pueblo.
Si formamos parte de un sistema
político tenemos que honrarlo. Es por eso que nos obligamos a encabezar medidas
tendientes para aprovechar el tiempo de cambio de expectativas económicas que
sobreviene después del éxito del canje. Por eso es que en este momento y sin
mas dilaciones es que debemos encontrar un consenso político para aprobar en
100 días, reformas que faciliten el alumbramiento del este nuevo Uruguay,
exportador, con ventajas en materia de producción de alta tecnología, con tipo de cambio favorable a estos productos
no tradicionales, con el reingreso de la carne a buenos mercados y con
comodities como lana, soja y girasol que atraviesan un momento envidiable.
Con un acuerdo básico del país neoexportador
que nos debemos, saldremos a buscar esa confianza perdida y demostraremos
nuevamente al mundo la solidez y fortaleza de nuestro sistema político,
devolviendo considerablemente a nuestra ciudadanía la alegría de votar por
realidades y no por el descarte de los agoreros del desastre.
Sebastián Da Silva