Las
cámaras empresariales, reunidas en solemne sesión, denunciaron que “está en
juego la marcha de la economía” y que estábamos ante “un caos en el que no
manda nadie”.
Si
estos dos conceptos, intimamente ligados el uno al otro, los hubiese vertido un
dirigente político, Diputado o Senador, de la oposición, tendrían un valor.
Es
natural que quienes estamos “dentro de la trinchera política” tendamos a
magnificar o exagerar las cosas, por lo que muchas veces el efecto de reiterar
la denuncia, termina siendo el de la devaluación de la misma. Es como lo del
pastorcito.
Pero
cuando el grito sale de Rincón y Misiones, la historia es otra.
Es
más grave.
No
porque pueda haber opiniones calificadas ni mucho menos porque una valga mas
que la otra, sino por el efecto sobre las decisiones futuras de quienes formulan este tipo de sentencias.
¿Qué
nivel de toma de riesgo empresarial podemos suponer que se puede vaticinar para
el futuro inmediato por parte de los que ven un horizonte caótico y anárquico?
La
sangre está empezando a llegar al río, y los empresarios parecen estar al borde
de un ataque de pánico.
Alerta:
la peor de las crisis es una crisis de confianza.
No
queremos que esto se de, y para eso el gobierno tiene que tomar medidas.
El
gobierno tiene que mandar señales. Transmitir confianza y certidumbre.
Firmeza
para tomar decisiones que pueden ser en algunos casos traumáticas para sus
intereses electorales.
El
gobierno tiene que procesar relevos en el gabinete. Ya.
Se
tiene que oxigenar al sistema que está empezando a denunciar preocupantes
signos de saturación, desgaste y asfixia.
Parece
que a los empresarios se les agotó la paciencia y ven el caos a la vuelta de la
esquina.
Humildemente,
nosotros hace tiempo que lo venimos denunciando.