“A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO DANDO"
El deterioro de la situación fiscal especialmente agravado en los últimos años hizo crecer la deuda publica a guarismos alarmantes.
El contagio del nerviosismo argentino a la población, favorecido por una pobrísima posición en reservas y una falta de ideas alarmante, obligó a las autoridades del Banco Central a pedirle al mercado un estiramiento de los plazos del cobro de sus obligaciones so pena de males mayores.
Este canje no voluntario, si forzoso manu militari, tanto para el Estado que no podía seguir cumpliendo sus compromisos, como para los tenedores de bonos dado que cambiar o no es aceptar lo nuevo o quedarse con lo viejo en las mismas condiciones de su emisión (fueron eliminados privilegios tales como exoneraciones tributarias, cláusula de cross default, condiciones especiales de contabilización para compañías de seguros y bancos, y cotización de Bolsa).
Este canje "exitoso" ya que recibió la adhesión de cerca de un 90% de los tenedores de Bonos, este canje que tira un problema para adelante, que solo apaga un incendio arreglando un serio problema de iliquidez, este canje que nos exige pagar mas intereses, nos obliga a tener, para ser sostenibles en el tiempo un superávit primario de cerca del 4% del PBI. ; Y digo, para ser sostenible pues
cifras como las vigentes de deuda / PBI mayores al 100%, son absolutamente inmanejables.
Se calcula que si el superávit primario fuera del 4% sostenido, en el año 2010 la relación deuda sobre producto bajaría al 58%, pero si el superávit primario fuera del 3% del PBI esa relación subiría al 70%, lo que demuestra el grado de sensibilidad del peso de la deuda a dicha variable.
Analizada dicha variable desde el año 74 a la fecha concluimos, que nunca fue superior al 4%, ni siquiera fue superior al 3% del PBI a precios de productor, solamente en tres años fue superior al 2%, en otros tres superior al 1%, y, remarcamos que en diez años fue negativa, cerrando el año pasado en solo 0,2 del PBI.-
Otros caminos para bajar el peso de la deuda, como la apreciación del tipo de cambio o la inflación han probado no ser eficaces por la destrucción que conlleva de todo el aparato productivo y de la sociedad en su conjunto.
Estamos pues ante un incremento de los ingresos o una baja de los gastos, pero dada la situación de la población , el periodo electoral que se avecina y la elevada presión impositiva soportada por la sociedad, parece difícil salvo un crecimiento gestado por motivos exógenos, que en el mediano plazo no nos encaminemos a una nueva renegociación de la deuda.
Debió seguirse otro camino, la baja cotización de los valores de deuda publica, directa consecuencia de su riesgo de cobro, hacían posible presentar ante los tenedores otra solución: un canje voluntario por otros valores, estos si, garantizados, avalados, ya por países u organismos multilaterales o por parte del emisor, por depósitos mensuales o anuales afectados al pago de capital e intereses en una cuenta disponible a su vencimiento ( escrowaccount) basada en la afectación del pago de impuestos a cobrar.
La seguridad en el cobro, cuya consecuencia inmediata es una suba de cotización de los valores, hubiera llevado a los tenedores a aceptar un menor valor nominal, logrando así una rebaja importante de la deuda y de sus intereses.
El canje debió además ser acompañado por medidas que mostraran una política fiscal comprometida con este, un compromiso político en cuanto a un nivel tolerable de déficit quizás avalado por ley.
Los bonos ofrecidos pudieron ser con amortizaciones anuales obligatorias, de manera de lograr una restricción fiscal y un pago seguro a su vencimiento.
El interés de los bonos pudo ser en función de una tasa baja, más un plus dependiendo éste del crecimiento del PBI.
Se debió incluir en la negociación a los organismos multilaterales (BID, BM, FMI) quienes detentan un porcentaje similar a los acreedores particulares.
Se debió hacer un análisis en profundidad sobre una política a largo plazo de deuda pública y sus consecuencias.
En suma, se perdió una oportunidad de bajar la deuda y sus intereses, de modificar las expectativas de los agentes económicos, y de empezar a poner al país en la senda del crecimiento económico sostenido.-
Héctor del Campo Sáenz