EL APOCAMIENTO INTELECTUAL DE LA POLÍTICA

 

En los últimos días se ha venido anunciando la realización del plebiscito que someterá a la consideración de la ciudadanía una iniciativa promovida por el sindicato de los funcionarios de Ancap -apoyada por el líder del conglomerado de partidos y grupos de izquierda y la mayoría de estos-, con el objetivo de que la ciudadanía derogue la ley aprobada por el Poder Legislativo, destinada a reformular la actividad de dicha empresa pública.

 

Esta iniciativa se inscribe en el marco de una estrategia de utilizar el instituto del referéndum, como instrumento de confrontación con el resto del sistema político y es apreciado, por los sectores más radicalizados y maximalistas de la izquierda, como un medio para cuestionar al propio sistema representativo de gobierno, emanado del ordenamiento institucional basado en la separación y autonomía de los tres poderes del Estado.

 

De esta forma, con la andanada de convocatorias plebiscitarias promovidas en los últimos años, se está corriendo el grave riesgo de vaciar de sus contenidos esenciales un instrumento de democracia directa para los temas que verdaderamente requieren de su concurso, como son aquellos que hacen referencia a asuntos de conciencia que dividan horizontalmente al sistema político. Es ante temas de ese carácter lo que hace del referéndum, la instancia más idónea para dirimir asuntos sobre los que puedan existir dos o más puntos de vista al interior de los diferentes partidos políticos.

 

Si grave es el hecho en sí de desvirtuar un instituto tan caro a los intereses ciudadanos, transformándose en un mero medio para la agitación política y la estrategia electoralista de un candidato, muchísimo más grave aún son las intenciones de enturbiar el clima político en el que se celebre dicha convocatoria.

 

En primer lugar, este plebiscito no tiene otro objetivo que el de defender los intereses corporativos, muy acotados, de los funcionarios de dicho organismo estatal, en detrimento de su mejor desempeño en aras del conjunto de la sociedad que es y seguirá siendo su propietaria, a pesar de toda la propaganda engañosa desplegada durante el largo proceso de recolección de firmas, coincidente en el tiempo con los momentos más agudos de la crisis.

 

Pero lo que verdaderamente debe alarmarnos, confirmándonos el  vaciamiento ético y moral que se viene registrando en la actividad política, es el hecho producido hace pocos días, cuando el principal líder del conglomerado izquierdista y primer candidato postulado a la Presidencia de la República para elecciones del año 2004, anunciara que por encima de llamar a votar contra dicha ley, la campaña deberá centrarse en obtener un pronunciamiento popular contra la gestión de la actual administración.

 

Aunque este es un recurso para intentar revocar una decisión del Poder Legislativo –de la que bien conocemos todos sus entretelones para lograr el más amplio consenso en su aprobación y al que tácitamente se llegó el día de su votación-, debe ser usado para ese fin, haciendo que la voluntad ciudadana se pronuncie sobre el contenido de dicha ley y no para que se expida sobre la gestión de una administración que será juzgada en la instancia institucional correspondiente.

 

Lo hemipléjica postura del líder izquierdista degrada y desvirtúa, una vez más, el instituto del referéndum. Mas, lo que verdaderamente alarma es que a falta de inteligencia y cultura política para proponer los caminos más fecundos que puedan transformar benéficamente la penosa situación en la que sobreviven tantos miles de compatriotas, se apueste una vez y otra también, a la división tajante e irreconciliable entre los ciudadanos.

 

Esta lamentable realidad política de nuestros días no debe ocultarnos que el comportamiento del líder izquierdista, es el reflejo de la situación en que se encuentra un sector de ciudadanos que cohabitan cotidianamente con la incertidumbre, la exclusión y la desesperación, constituyendo una de las razones centrales del alto índice de respaldo popular que últimamente recoge.

 

Estos son hechos que, sumados al sinfín de casos de corrupción protagonizados por actores políticos en los últimos tiempos, nos obligan a reflexionar sobre el vaciamiento ético y moral de la política, pues así como  fomentan el descrédito ciudadano por el propio sistema democrático, también propician los comportamientos ideológicos y políticos cerrilmente irracionales.

 

Nos hallamos en un período crucial de la vida del país, en el que es hora de comprender, en todas sus dimensiones y posibles consecuencias, hasta que punto se ha llegado en el proceso de agudo apocamiento intelectual de la política y el consecuente empobrecimiento de la sociedad. Ha llegado la hora de tomar conciencia sobre toda la práctica democrática que el país registra y la considerable experiencia histórica acumulada, en la que se han cimentado sólidas construcciones intelectuales propias,  sobre las que debemos afirmarnos para afrontar los desafíos de nuestra contemporaneidad, reconstruyendo los valores éticos y morales que la política auténtica merece.

 

Luis Alemañy