Algún
día sería procedente estudiar en qué grado el miedo y el nerviosismo afectan el
comportamiento del ser humano. Notoriamente asustado por los resultados del 27
de junio en las elecciones internas, el Dr. Tabaré
Vázquez resolvió poner “manos a la obra” y rápidamente organizó una gira por algunos
países de Europa y Estados Unidos.
El
primer dilema frente al que se vio enfrentado fue el del armado de su comitiva.
Es así que debió optar entre algún representante de los sectores más votados
como el Movimiento de Participación Popular o el Partido Socialista o ir
acompañado por algún dirigente que
impidiera que la comitiva sea detenida en la primer oficina de
Migraciones a la que se presentaran y fueran todos rápidamente deportados
nuevamente al “paisito”. De esta forma, Danilo Astori, Gonzalo Fernández y Rafael Michelini,
rápidamente plancharon los trajes y se subieron al avión. Junto con ellos
fueron también una legión de periodistas acostumbrados al habitual silencio del
líder de izquierda (salvo con algún periodista obsecuente que oficia de apuntador
en las entrevistas) esperanzados en
obtener algún tipo de expresión monosilábica de Vázquez respecto de lo que
puede llegar a ser un eventual gobierno de izquierda en el país.
La primer
escala del viaje deparó a los uruguayos sorpresas varias. Resulta que en un
desayuno de trabajo con empresarios españoles, Vázquez se mostró más que
abierto a considerar la participación de privados en el Uruguay a través de la
asociación con el Estado y a reconsiderar su postura respecto al plebiscito del
agua, lo que ocasionó un revuelo de proporciones mastodónticas
en el ambiente político nacional. Las preguntas que surgen son evidentes :
¿cuál es el verdadero Vázquez?¿el de los piratas extranjeros del plebiscito de
ANCAP o de la Ley de Empresas Públicas o el moderado liberal que se planta
frente a empresarios extranjeros ofreciéndoles las empresas uruguayas como un
negocio rentable? La respuesta es mucho más sencilla de lo que a simple vista
parece: los dos son Vázquez. Es nada más que distintas caras de una misma
moneda con la peligrosa habilidad de controlar, según la ocasión, la forma en
que la moneda cae y la cara que podemos ver. No es momento de sacar a
pasear a los Gargano
ni a los Mujica porque electoralmente no existe en
esa estrategia ningún rédito político. Hay que captar a los votantes del
“centro” y por tanto Vázquez le saca a Astori las
telarañas, se lo lleva de viaje y hasta lo propone como Ministro de Economía ( luego de ofrecerle el cargo a
Los uruguayos no somos
tontos y eso debería estar claro para cualquier actor político. Aquellos que
midan su comportamiento de acuerdo a los costos políticos que se puedan tener,
estarán condenados a corto plazo a un fracaso rotundo. Hace bien la dirigencia
del Encuentro Progresista en estar nerviosa; el pueblo uruguayo comenzó a
premiar y a reconocer el comportamiento coherente y realista del Partido
Nacional frente a la demagogia contumaz de la izquierda uruguaya. Este tipo de
reacciones no se modifican con un viaje y con un cambio por parte del director
de la murga de su voz solista; la prueba de esto la dará en octubre el pueblo
uruguayo negándole a la izquierda el acceso al poder.