No
hay mejor manera de definir esta campaña de junio de 2004 como la de la
elección perfecta. La efervescencia, las movilizaciones, la altura de los
protagonistas y el timing de las adhesiones
sectoriales permitieron que nuestro candidato único a la Presidencia de
El
resultado electoral del Partido y el acierto en elegir a Sergio Abreu como
compañero de formula es el corolario de todas estas cosas bien hechas, que permiten ilusionar a todos nuestros
compatriotas con un nuevo gobierno del Partido Nacional.
Para
muchos y me incluyo, esta es la primera elección en donde pudimos festejar, y
por partida doble dado que a partir de la proclamación de
Hace
cerca de quince años que una parte de los blancos venimos bregando por
incorporarle al Partido nuevos matices, probablemente con esa comodidad que
representa siempre oponerse, con buenas intenciones pero en minoría, con afán
de renovación pero con él limite de los
popes de siempre y con la amargura de ver como determinados temas elementales
se postergaban por algún homenaje
histórico. Ahora nos llegó el tiempo de pasar de la teoría a la acción, porque
aunque parezca de Perogrullo el destino y el camino de esta nueva perspectiva dentro
del Partido Nacional esta nada mas y nada menos
que en los integrantes de esta novel mayoría.
Es
la hora del respeto digno, ese que no avasalla cuantitativamente, pero que
intenta convencer cualitativamente, es la hora de un Partido moderno, pero
realista, con lo sincero y triste que es tener realismo en el Uruguay de hoy, y
por sobre todas las cosas es un Partido con rumbo y mando acorde con la
responsabilidad de gobernar admitiendo sin embargo los matices que le permitan
una toma de decisiones mucho mas democrática que intuitiva o vertical.
También
es la hora de hacer realidad lo que fue
alternativo, de ponderar las capacidades y no las fechas de nacimiento, de
priorizar la distribución y la inclusión por sobre balances o cifras de
crecimiento, de seguir con la humildad que otorga la llanura estando en las
alturas del poder.
Tenemos
por delante el mayor de los desafíos, en un clima en donde la izquierda lo va a
tornar hostil, en donde agraviar se va a poner de moda y en donde en muchas
zonas de nuestra capital el hostigamiento hacia el que tiene otro pensamiento
prevalecerá sobre nuestras tradiciones más tolerantes.
Sepamos,
entonces que amalgamar nuestras discrepancias aunque sean estas minúsculas será
la mejor carta de presentación para devolverle argumentos a estos embates y
como la responsabilidad está de nuestro lado mayor tiene que ser nuestro
ejemplo
Si
cumplimos con parte de estas
apreciaciones habremos cumplido uno de nuestros desvelos que no es otro que
preparar a la divisa de Oribe para ser protagonista en un nuevo siglo.
De
otra forma estaríamos falseando nuestra propia condición de dirigentes
políticos, faltándole el respeto no solo a los miles de compatriotas que
confiaron en nuestra propuesta de cambio sino que además a los tantos miles de
ejemplos de vida de nuestros antecesores nacionalistas que observaran con
vergüenza lo sencillo que es perder una oportunidad de oro.
Quedan
menos de veinte semanas, comencemos de inmediato.