NUESTRO TIEMPO

 

No hay mejor manera de definir esta campaña de junio de 2004 como la de la elección perfecta. La efervescencia, las movilizaciones, la altura de los protagonistas y el timing de las adhesiones sectoriales permitieron que nuestro candidato único a la Presidencia de la Republica  Jorge Larrañaga cumpliera el sueño de todo dirigente político de envergadura.

 

El resultado electoral del Partido y el acierto en elegir a Sergio Abreu como compañero de formula es el corolario de todas estas cosas bien hechas, que  permiten ilusionar a todos nuestros compatriotas con un nuevo gobierno del Partido Nacional.

 

Para muchos y me incluyo, esta es la primera elección en donde pudimos festejar, y por partida doble dado que a partir de la proclamación de la nueva Convención Nacional veremos sin duda un conglomerado nacionalista muy diferente a lo conocido con una renovación profunda tanto etaria, como de genero como de orígenes de sus integrantes.

 

Hace cerca de quince años que una parte de los blancos venimos bregando por incorporarle al Partido nuevos matices, probablemente con esa comodidad que representa siempre oponerse, con buenas intenciones pero en minoría, con afán de renovación pero con él limite de  los popes de siempre y con la amargura de ver como determinados temas elementales se postergaban  por algún homenaje histórico. Ahora nos llegó el tiempo de pasar de la teoría a la acción, porque aunque parezca de Perogrullo el destino y el camino de esta nueva perspectiva dentro del Partido Nacional esta nada mas y nada menos  que en los integrantes de esta novel mayoría.

 

Es la hora del respeto digno, ese que no avasalla cuantitativamente, pero que intenta convencer cualitativamente, es la hora de un Partido moderno, pero realista, con lo sincero y triste que es tener realismo en el Uruguay de hoy, y por sobre todas las cosas es un Partido con rumbo y mando acorde con la responsabilidad de gobernar admitiendo sin embargo los matices que le permitan una toma de decisiones mucho mas democrática que intuitiva o vertical.

 

También es  la hora de hacer realidad lo que fue alternativo, de ponderar las capacidades y no las fechas de nacimiento, de priorizar la distribución y la inclusión por sobre balances o cifras de crecimiento, de seguir con la humildad que otorga la llanura estando en las alturas del poder.

 

Tenemos por delante el mayor de los desafíos, en un clima en donde la izquierda lo va a tornar hostil, en donde agraviar se va a poner de moda y en donde en muchas zonas de nuestra capital el hostigamiento hacia el que tiene otro pensamiento prevalecerá sobre nuestras tradiciones más tolerantes.

 

Sepamos, entonces que amalgamar nuestras discrepancias aunque sean estas minúsculas será la mejor carta de presentación para devolverle argumentos a estos embates y como la responsabilidad está de nuestro lado mayor tiene que ser nuestro ejemplo

 

Si cumplimos con  parte de estas apreciaciones habremos cumplido uno de nuestros desvelos que no es otro que preparar a la divisa de Oribe para ser protagonista en un nuevo siglo.

 

De otra forma estaríamos falseando nuestra propia condición de dirigentes políticos, faltándole el respeto no solo a los miles de compatriotas que confiaron en nuestra propuesta de cambio sino que además a los tantos miles de ejemplos de vida de nuestros antecesores nacionalistas que observaran con vergüenza lo sencillo que es perder una oportunidad de oro.

 

Quedan menos de veinte semanas, comencemos de inmediato.

 

Sebastián Da Silva