En
aproximadamente un mes, el Uruguay tendrá a más de 700 reclusos en las calles,
producto de la venia otorgada por la ley de humanización del sistema carcelario.
Esta ley es rechazada por más del 60 % de la población, que una vez más y ya
van muchas, observa la gestión de este gobierno con asombro más que con
esperanza.
Yo
me pregunto, hasta cuando esta gente seguirá con su plan de gobierno,
totalmente opuesto al de la campaña electoral?. Cabe recordar que supuestamente
a partir del 1 de marzo del corriente año el Uruguay cambiaba rotundamente su
política económica, social y cultural, pero no ha cambiado, sino ha empeorado.
Esta
ley de cárceles, lo único que hace es preocupar y atemorizar a la población
entera, porque si así como está, la ola delictiva actual es imparable, no se
cómo vamos a estar dentro de un mes cuando estos reclusos salgan en libertad.
Recordemos
que esto trae aparejado varias consecuencias, por ejemplo cuando se haga
efectiva esta norma, estaremos casi entrado a la temporada estival veraniega,
que todos bien sabemos que es un punto de atracción para estos señores con
ciertas habilidades para hacerse propio lo que no es suyo.
La
realidad marca que el nivel de reincidencia en cualquier clase de delitos es
altísimo, y yo no creo que porque se “larguen” a centenas de presos ésta
reincidencia bajará, ni se convertirán en hombres de buena fé.
Ojalá
que lo logren, pero éste no es el camino; la solución a esto sería realizar un
sistema de reinserción social bien aplicado, donde los presos que abandonen los
establecimientos carcelarios salgan con iguales oportunidades en un mercado tan
competitivo y voraz, en el cual se exige experiencia y estudios varios en un
margen de edad que no supere los 25 años.
Por
esto digo que la ley de cárceles no es el camino correcto, si se quiere
descomprimir los establecimientos, que se construyan nuevos, si se vive de
manera inhóspita dentro de ellos, que sancionen a los que los destruyeron en
los famosos motines, que si el gobierno quiere quedar bien con una parte de la
población producto de una promesa electoral afectando al resto que no la
comparta, que por una vez en estos 100 y pocos días de gobierno progresista,
escuchen a la mayoría y no hagan oídos sordos, porque nos vamos encaminando a
una dictadura de izquierda.
Nicolás
Lingordo.
Juventud
903.