Los imprescindibles
El gobierno sigue dando de que escribir, para nuestro lamento en tan
solo veinte días se suscitaron un par de serias crisis en el seno del Poder
Ejecutivo con sendos amagues de renuncias de dos de los cuadros más importantes
en la gestación del triunfo izquierdista.
Ambos casos, el del Ministro de Economía, como el reciente furcio de
Bayardi pusieron en evidencia algo que, ni las encuestas de popularidad del
presidente, ni las críticas hacia el furibundo doble discurso del Frente Amplio
en el poder, ni la arrogancia de ostentar una mayoría absoluta en el
Parlamento, pueden reflejar que es la extrema fragilidad de esta administración
en algunos temas y con algunos nombres.
Debilidad ésta, que ha sido debidamente calibrada a la hora de tomar
las decisiones finales y que por un instante pueden pasar por alto a las
elementales reglas que el ejercicio del poder indican y que por ser casi idénticas son dignas de ser
analizadas.
En los dos casos, los problemas surgen de una imprudencia, en el caso
Astori del propio Vázquez en querer modificar el trabajo de elaboración
presupuestal de un plumazo a dos días del vencimiento constitucional solamente
para hacer creer que se cumpliría con la quintaesencia del voluntarismo como es
asignar por porcentaje fijo del producto los fondos a la educación; y en el
caso de Bayardi por habérsele filtrado
a la prensa una salida de tono en una reunión partidaria.
Si hubiera lógica ambos volverían a sus bancas en el Parlamento, dado
que es difícil que un Mandatario banque una pulseada mediática y se resigne a
perderla y mucho menos levantar la ira del mando superior de las Fuerzas
Armadas por un infantilismo justamente ahora que están en el ojo de la tormenta
por el tema desaparecidos.
Y a las pruebas me remito, recuerde el lector lo que le pasó a una
insigne figura del equipo económico de nuestro gobierno blanco por compararse
con una toalla higiénica femenina; ipso facto se fue para su casa sin importar
sus galardones que vaya si los tenía.
Por tanto lo que prevaleció es mirar el día después, y darse cuenta que
en ambos casos no existía sustituto que les llegara a los talones.
José Bayardi, alias el Pepe como le decimos quienes le tenemos cariño,
ha sido la casi única figura frenteamplista que hoy distingue un Almirante de
un guardia marino o conoce las diferencias de visión estratégica del arma de
Caballería con la de Artillería; se preparó para su función de enlace político
con los militares en soledad y contra la alergia que la izquierda tiene para
con los temas castrenses que no pasan ni por asomo por el circo de la búsqueda
de los restos de los desaparecidos, por lo que una retirada intempestiva de su
cargo generaría el vació ,que medido fríamente llevó a poner violín en bolsa y
hacer de cuenta que nada pasó.
El affaire Astori se lo dejo para su imaginación, porque la mía es muy
cobarde para prever al Uruguay sin este Ministro de Economía.
Ambos ejemplos acontecidos a tan solo seis meses de haber asumido el
ansiado “Gobierno Popular” no hace otra cosa que confirmar lo poco preparada
que llegó la izquierda al poder, sin
recambios visibles y sin la mínima precaución de separar el accionar
gubernativo a sus protagonistas.
Cuidado en el futuro no muy lejano
cuando el desgaste haga que la
orquesta pase de “ desafinar “ a tirarse los trompones por la cabeza y tengan
que optar entre seguir con los músicos machucados o colocar algún aprendiz de
los que agazapados esperan en la Mesa Política.
Sebastian da Silva