Juventud divino tesoro

 

Hace unos días tuvimos la oportunidad de concurrir al recital de rock realizado en el Estadio Centenario en el que participaban las mejores bandas de nuestro país, algunas ya consagradas y otras no tanto y, más allá de apreciaciones musicales y personales ( por ejemplo la constatación de que ya no aguanto jornadas tan extensas sin que el cansancio me envuelva totalmente ), me gustaría hacer un par de reflexiones sobre actitudes de muchos de los participantes, en general los más jóvenes, que participan de estos eventos.

 

La primera de ellas es el canto sistemático de miles de personas, fenómeno que se repite en todos los recitales, de “...el que no salta es un botón”. No voy a tratar de hacer de este artículo una apología “a lo García Pintos” de las fuerzas policiales o militares, pero a esta altura del partido...¿se puede culpar de algo a estos sectores? Yo recuerdo en la salida de la dictadura que esta misma consigna se coreaba con pasión y razones sobraban para así hacerlo. Era lógico que los uruguayos demostraran su ira contra quienes habían ejercido un sistema de represión que nos había privado de derechos imprescindibles como la libertad y, en muchos casos, la vida. Hoy, a veinte años de estos sucesos, hay gente y, lo que es mucho peor jóvenes que deberían demostrar un poco más de inteligencia ya que son los que le reclaman al país y a sus gobernantes mayores  oportunidades para sí mismos, que siguen teniendo una actitud hostil contra gente que en su mayoría no vivió como adulto la dictadura militar y que pasa enormes necesidades que probablemente no sientan ni tengan ninguno de los imbéciles que tienen el dinero suficiente para ir a un recital de música y corear estupideces absolutamente perimidas.

 

Otra de las situaciones patéticas que se reiteran en estos acontecimientos y frente a la actuación de algún grupo musical extranjero, como era el caso del “Centenariazo”, es la posición “chauvinista” de gritar “Uruguay, Uruguay” para dejar en claro nuestra condición de pueblo superior, que solo marca el tremendo complejo de inferioridad que muchos uruguayos tienen. El problema está en que si solo con gritar consignas nacionalistas una nación creciera y se desarrollara, probablemente el Uruguay disfrutaría de una cómoda posición entre los países del Primer Mundo. Somos los más grandes del mundo pero nuestro ego parece jugarnos una mala pasada, atragantándose en alguna parte de nuestro cerebro.

 

Me parece que es un buen momento para empezar a demostrar por muchos uruguayos jóvenes que poseen neuronas que se conectan entre si y que dan como resultado alguna cosa positiva. Lo del título es verdad pero depende de nosotros mismos. 

 

Alfredo Susena