Es verdad que se puede
asegurar que Uruguay está definitivamente saliendo de la crisis del 2002 y que
los indicadores económicos y sociales han experimentado una evolución favorable
en los últimos treinta meses.
También se debe aceptar que
el ritmo mejora de la inversión, el crecimiento económico y el empleo, entre
otras variables, se ha desacelerado.
Se podría decir que esa
rebaja en la velocidad y ritmo de los síntomas de recuperación, era previsible.
Todo esto es cierto.
Pero también es igualmente
cierto, que estamos atravesando un contexto regional y mundial especialmente
favorable y, por ahora, prolongado.
Los precios internacionales de nuestros principales productos de exportación han tomado valores especialmente beneficiosos para nuestra economía, lo que acompañado de una mejoría en la composición de nuestra cartera de mercados da un buen resultado del que todos somos testigos.
El asunto está en
preguntarse si es que desde acá, desde las decisiones políticas que se transmiten
a los locales y a los de afuera, se están aprovechando adecuadamente las
circunstancias.
La otra pregunta es la de
saber que puede pasar si las cosas cambian, lo que de acuerdo al comportamiento
históricamente cíclico de la economía representa un desafió en si mismo.
En cuanto a la primera
pregunta la respuesta abrumadoramente
negativa, es más, nos lleva a la conclusión de que algunos indicadores dan bien
A PESAR de los mensajes y acciones del gobierno.
El hecho de asignar
prioridad a lo que parece no tenerlo, caso búsqueda de restos de desaparecidos,
y de pretender imponer cambios a las
reglas de juego a los empujones, demuestra el rango de la falta de
capacidad que el gobierno ostenta de manera irreverente.
El mundo anda por otro
lado, y a otra velocidad.
Acá se les dice a los
empresarios que “se les terminó la joda”, “y ahora que se la banquen” y que de
ahora en más van a tener que darle participación a su sindicato y al PIT- CNT
en la tona de decisiones empresariales, que es “lícito y hasta conveniente que
les ocupen las empresas” y que además “son una manga de llorones a los que nada
les viene bien”.
Este es un panorama
desolador para cualquiera que tenga que tomar una decisión en materia de
inversiones.
La segunda pregunta sobre cuanto va a durar el ciclo es tan
difícil de responder como lo puede ser un acierto del cinco de oro: salir va a
salir algún día pero no se sabe cuando.
El tema es cuestionar si
nos estamos preparando para el día después.
Lamentablemente la
respuesta es NO. El presupuesto quinquenal del Frente Amplio creo más y más
gastos que serán solventados, si todo sale bien, por más impuestos al consumo y
a los ingresos, fórmula ya hartamente conocida.
No se ven las tan
reclamadas políticas anticiclicas del Senador Astori. ¿Dónde habrán quedado? .
Todo esto nos lleva a la
conclusión de que el gobierno, con la
pirotecnia de sus interminables reyertas internas y el asunto de los derechos
humanos no hace más que esconder una
magnífica e irresponsable vocación por
perder el tiempo, o malgastarlo, lo que es aun peor.