Similitudes progresistas

 

 

En estos días que pasaron, el tema central de las cadenas de información, se situó en mantenernos al tanto de la evolución del conflicto del campo argentino. A nivel doméstico el tema con mayor repercusión en  los medios ha sido sin duda los fallos de la Suprema Corte de Justicia, en relación a la inconstitucionalidad del IRPF.

 

Analizando ambos acontecimientos, son claramente comprobables algunas similitudes en las reacciones de los gobiernos involucrados.

 

Tanto en una margen del río como en la otra, se han escuchado voces altisonantes de algunos personeros oficialistas, intentando colocarse en posición de inocentes víctimas agredidas, por representantes de grupos oligárquicos que se oponen a cualquier costo, a sus brillantes planes de justicia social. Así pudimos ver y escuchar los discursos y declaraciones de los primeros mandatarios de ambos países, “quejarse” compungidos por la falta de comprensión de “poderosos sectores”, que obstaculizaban la marcha hacia sociedades más “justas”, unos con piquetes en las rutas, y otros con reclamos judiciales faltos de solidaridad con los más desposeídos.

 

Trazando un paralelismo entre ambas situaciones planteadas, podemos comprobar una misma estrategia (¿será concertada?), intentar por todos los medios focalizar el problema fuera del mismo, en un burdo intento de sensibilizar la opinión pública, para que los costos políticos se vean minimizados de alguna forma y disimule las torpezas de sus iniciativas.

 

Así fue que allá se intentó estigmatizar a los “piqueteros rurales”, acusándolos de golpistas, oligarcas, terratenientes abusivos, y culpándolos de los males a que sometían al pueblo por las consecuencias del desabastecimiento que las medidas provocaron.

 

En cambio acá la idea fue vituperar contra los beneficiados por los fallos de Corte, calificándolos como “viejos platudos”(Mújica), “cangrejos que salen de debajo de las piedras” (Vázquez), al tiempo de divulgar enfáticamente, a todos los vientos, que entre los “beneficiados” se encuentran algunos personajes claramente identificados con la Dictadura, pero sin decir una palabra de que otro de los amparados, es un connotado ex-dirigente frenteamplista como Thelman Borges, con notorio pasado sindicalista, archienemigo de sus colegas reclamantes.

 

El tema es distraer la atención de los ya distraídos. Situar la discusión en otro lugar, para evitar tener que referirse al problema de fondo… la INCONSTITUCIONALIDAD en la que incurrieron.

 

¿Ha notado el lector/a la tendencia repetida de esta fuerza política, a contravenir lo estipulado en nuestra Carta Magna?

 

Sucede que cuando quien marca tales desbordes es la prensa, o la oposición, se le torna mucho más sencillo mirar para el costado. Pero ahora es nada menos que el máximo órgano de Justicia quien dictamina su atropello, lo obliga a componer tal desaguisado, y por tanto se siente tocado, por quedar en clara evidencia.

 

Esperemos que por esta vez se desprenda de la soberbia que ha caracterizado su desempeño, acepte el error y rápidamente adopte las medidas que tiendan a subsanar los daños provocados a los derechos de quienes reclamaron y ganaron, extendiendo con nobleza ciudadana y ética política, tales efectos para todo el sector pasivo del país, hayan reclamado o no.

 

PD: Lo de la soberbia va para ambos gobiernos involucrados en este artículo.

                                

Nadia Menéndez