Ahora si, cambiemos
Es común apreciar el grado
de frustración de parte de la ciudadanía y, fundamentalmente, de muchos jóvenes
que han escuchado durante años las promesas y se han ilusionado con el famoso
“cambio” mediante el cual se iban a solucionar los problemas en nuestra
sociedad; y principalmente los pobres iban a mejorar su situación. También
hemos escuchado, una y otra vez, como si la repetición de una frase hiciera que
la realidad cambie, “Que pague más el que tiene más, y que pague menos el que tiene
menos.” Detrás de esta frase simplista, se podían tejer muchas utopías de
cambio y movilidad social; y así un sector de nuestra población quedó
enganchado en esta madeja de razonamiento equivocado. El presidente y los
principales del gobierno no han perdido la oportunidad de reiterarla cada vez
que les ha sido posible.
Pero la realidad no cambia
con frases hechas. Éstas sirven para movilizar a sectores detrás de una
consigna, pero con ausencia de razonamiento y análisis.
La realidad es que con el
malhadado IRPF paga menos el que tiene más y paga más el que tiene menos. Es
así que el gran capital tiene menos presión impositiva y que la gran
recaudación surge del salario de los trabajadores y jubilados.
Tampoco es casualidad que
la brecha entre pobres y ricos, que se había mantenido estable en los últimos
años, a partir del 2005 aumentó la separación entre los que tienen más y los
que tienen menos.
Hace unos días nos
enteramos que aumentó la mortalidad infantil. Como sabemos, este es un
indicador de primera línea cuando se analiza un país, porque él resume la
situación en muchos campos, no sólo en lo sanitario. Se ha explicado, por parte
de las autoridades del gobierno, que la causa de este incremento ha sido el
frío del invierno. Si esto fuera cierto, que no lo es por la composición de
este indicador, igualmente sería terrible reconocer que nuestros pequeños se
mueren de frío. Y los que han sorteado este destino, aún continúan en las
esquinas haciendo piruetas o pidiendo un peso, cuando se nos había prometido
que en algunas semanas, al asumir el nuevo gobierno, ésta realidad cambiaría.
¿Y qué les pasa a muchos que terminan en algunos hogares del INAU? Lo estamos
viendo todos los días en informes sobre malos tratos y condiciones de reclusión
inaceptables. Adolescentes encerrados en una celda 23 horas al día a los que se
les bloquea la posibilidad de recuperación y de preparación para la vida
adulta.
Podríamos seguir enumerando
hechos que califican por sí solos el conjunto de la política de un gobierno. Pero
estos, que aparentemente no tienen conexión, responden finalmente a esa
política. Es así que el IRPF, en lugar de justicia tributaria, castiga a los
trabajadores y jubilados. No menos cierto es que en vez de solucionar los
problemas de la pobreza dándole herramientas y trabajo digno a la gente para
que pueda salir de ella, se ha optado por el procedimiento facilongo
de distribuir una pequeña cantidad de dinero a cambio de nada.
Como consecuencia de ello,
entre otros factores, es que ha aumentado la brecha entre pobres y ricos.
Entonces, ¿cómo nos puede extrañar que la mortalidad infantil suba?, ¿cómo nos
puede extrañar que aún sigan los niños pidiendo en la calle?, ¿cómo nos puede
extrañar que no exista un solo ómnibus en el cual no suban en cada parada
personas a pedir o a vender estampitas?
Si tuviéramos la
posibilidad de interpelar la política del actual gobierno, éstas serían las
principales acusaciones. Sobre todo ante quien dice que es el defensor de los
pobres, el defensor de los trabajadores, el defensor de los jubilados y
fundamentalmente, quien nos prometió que tenía los planes prontos para cambiar
ésta realidad.
Florencia
González.-
Juventud
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