Dando el Ejemplo

 

 

Los símbolos son importantes en cualquier orden de la vida, si hablamos de política es evidente que la simbología trasmite a la opinión pública una decisión o un momento con más claridad que cualquier palabra, no olvidemos que la ciudadanía digiere el trazo grueso, lo pintado con brocha gorda más que las sesudas explicaciones. Por tanto  la reunión del pasado lunes en el Edificio Libertad tuvo mas trascendencia por su simbolismo, por la mano dada y la muestra de capacidad de dialogo entre los partidos más poderosos del Uruguay, que por el contenido real de las conversaciones.

 

Fiel a un estilo constructivo de más de ciento sesenta años, la iniciativa partió del Partido Nacional, quien en su decisión valoró más algunos aspectos complicados del quehacer gubernamental que la moneda de paga que este gobierno pretendió darle en la puesta en escena de Zapicán, confirmando todos los pronósticos de que si hay algo bueno en el cambio prometido es justamente el cambio de actitud de quien circunstancialmente ejerce la oposición.

 

La lógica del cuanto peor mejor para mi partido porque siembro el resentimiento y consigo más votos esta en coma agudo.

 

El palo en la rueda, la retórica referendística, la adicción a los paros y todo aquello que estancó en las reformas al Uruguay en estos últimos quince años; le está dejando paso a la lógica de lo que es bueno para mi país es bueno para mi partido, máxima del Escribano Ortiz que ha grabado a fuego las actitudes y escala de valores de cada uno de los nacionalistas.

 

La posición de Wilson en la ley de caducidad, poner la otra mejilla para impedir la caída total en la crisis del 2002 o esta disposición tácita de colaborar a la resolución de los graves problemas nacionales en un gobierno preso de sus promesas incumplibles y sus luchas internas son fehacientes pruebas del espíritu positivo que como es costumbre imprime el accionar político de la divisa de Oribe.

 

Por delante tenemos un horizonte complicado, un oficialismo empeñado en gastar su crédito político en discusiones bizantinas, un enlentecimiento de la economía provocado por las señales poco atractivas que surgen desde los despachos de gobierno, un tratamiento presupuestal extremadamente delicado y con resultado incierto que avizora una segundo semestre plagado de movilizaciones, y la total inexistencia de medidas legislativas provenientes de una mayoría instantánea para hacer realidad cualquier ley, obligan a que por el bien del país se asuma por parte del Partido Nacional una actitud más protagónica.

 

Si en el Frente Amplio no se quiere comprender que  las inversiones, fundamentalmente las estadounidenses tienen todo el mundo para elegir y se radican donde tengan ciertas garantías, seremos los blancos los que votaremos el marco legal para que en este país exista alguna chance de generar empleos genuinos.

Si por parte de la izquierda se insiste en calificar con cualquier epíteto a los responsables del principal mercado para nuestras exportaciones, seremos los blancos los encargados de recordarles que los mismos que  se los denomina pan  podrido son los que permitieron el status sanitario único y excepcional con que el Uruguay comenzó la salida de la tragedia del 2002.

 

Dando el  ejemplo buscaremos él diálogo frente a las intimaciones, la cordura frente al secentismo, la estabilidad frente al descontento y por sobre todas las cosas el compromiso nacional frente a la politiquería.

 

Así demostraremos que la capacidad no se otorga en las urnas sino que se alcanza asumiendo las responsabilidades que las urnas establecen.

 

Que se tome debida nota.

 

 

Sebastián da Silva