El equilibrista
Todos
los gobiernos cimientan su accionar en tres pilares fundamentales, que marcarán
el rumbo de la administración en su conjunto, sin tomar en cuenta el sesgo
ideológico de la misma.
Las
carteras de Relaciones Exteriores, Economía, e Interior son los que comparten
la pesada carga de ser los buques insignia de todo gobierno que comienza.
Obviamente
con las características especiales que distinguen a cada ministerio de acuerdo
a las funciones que estos deben cumplir.
Si
aceptamos como válida esta afirmación y la aplicamos a nuestro gobierno,
veremos que la armonía necesaria para llevar adelante los grandes proyectos no
es tal.
Luego
de nombrado el gabinete ministerial por parte del presidente Vázquez, nos dimos
cuenta que se trataba más de un acto de equilibrismo digno del mejor de los
circos, que de una apuesta por un proyecto definido donde se colocaran los
mejores hombres para llevarlo a cabo.
El
hecho de haber colocado en los ministerios a los cabezas de lista, demostraba
que lo que se buscaba era manejar una muy delicada interna.
El
tiempo se ha encargado de demostrar que por más manejo sutil que se ha tenido
las discrepancias son indisimulables, en especial entre los titulares de
Economía, y Relaciones Exteriores.
Esta
vez el cuadrilátero elegido por los dos púgiles del gobierno para un nuevo
combate fue la conferencia organizada por la cámara Uruguay- EEUU, donde
diversos estamentos de las finanzas analizaron la marcha de la economía
uruguaya, su situación actual y su proyección de futuro, así como analizar la
conveniencia de la firma de un tratado de libre comercio con el gran país del
norte, con participación incluso de funcionarios de la administración Bush.
Varias
curiosidades se dieron en la citada conferencia, por un lado se hizo hincapié
en lo acertada que está siendo la política económica de nuestro gobierno,
quedando bien claro que la única cosa que funciona en este país desde marzo de
2005, es algo donde el progresismo no ha tenido mayor ingerencia ya que solo
están recogiendo los frutos de las anteriores administraciones a las cuales se
han opuesto acérrimamente desde siempre.
Por
otra parte el primer mandatario dejó entrever su beneplácito ante un tratado
con nuestro mayor comprador, por supuesto de una manera elíptica tratando de no
herir susceptibilidades que ahonden aun más su muy compleja interna.
Pero
faltaba la frutilla de la torta y apareció en escena el inefable Gargano quien
dio la impresión de no haber escuchado al presidente, o mejor dicho no querer
escucharlo para decir ante el periodismo que se quedaran tranquilos porque no
se iba a firmar ningún Tratado Comercial con los EEUU.
Ahora
es más fácil entender porque razón luego de 16 meses de tarea no han hecho nada
significativo, más allá de alguna cuestión puntual.
Las
diferencias conceptuales y filosóficas son enormes entre los Ministros de
Estado. Debe ser por eso que el
Presidente hace equilibrio, para impedir el efecto dominó en su gabinete que
seguramente seria el golpe de gracia para su hasta hoy ineficiente gestión al
frente del Poder Ejecutivo.