EL NUEVO LEMA
DE WASHINGTON
Escuchando el discurso inaugural del
nuevo subsecretario de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado, Roger
F. Noriega, la semana pasada, no pude dejar de percibir un cambio interesante
en la retórica del gobierno de Estados Unidos hacia América Latina: hay menos
énfasis en el crecimiento económico, y más en la reducción de la pobreza.
Quizás sea porque Washington se dio
cuenta finalmente de que el crecimiento económico que siguió a las reformas de
libre mercado en la última década no se extendió significativamente a los
sectores más pobres, o quizás se deba a que Noriega --un republicano
conservador que durante los últimos dos años fue embajador de Estados Unidos
ante la Organización de Estados Americanos-- se ha pasado recientemente mucho
tiempo hablando con diplomáticos latinoamericanos.
Pero lo cierto es que el discurso de
Noriega, y lo que me dijo en una entrevista posterior en su despacho, se parece
bastante a lo que la mayoría de los presidentes latinoamericanos han estado
diciendo últimamente: aunque las reformas de libre mercado han saneado las
economías, los ricos se han vuelto más ricos, pero el porcentaje de pobres a
nivel regional ha disminuido demasiado poco, y en algunos países han aumentado
en cifras nominales.
''No se puede medir la justicia o la
esperanza en términos macroeconómicos, por lo que estas estadísticas no son una
vara justa para medir el desarrollo'', dijo Noriega en su discurso inaugural,
flanqueado por el secretario de Estado, Colin Powell. ``Espero que nuestro
éxito no sea medido por lo que hayamos hecho para hacer que la vida sea un poco
mejor para los más ricos, sino por lo que hagamos para hacer que la vida sea
mucho mejor para los más pobres, más libre para los oprimidos y más alentadora
para aquéllos que viven en la desesperanza''.
Noriega enfatizó que el gobierno de
George W. Bush continuará presionando por las reformas de libre mercado y la
democracia en la región, pero sugirió que gran parte de sus energías serán
dedicadas a combatir lo que considera los principales obstáculos para combatir
la pobreza.
''Es justo decir que las raíces de la mayor
parte de los problemas en las Américas son políticas e institucionales, más que
económicas'', dijo Noriega en su discurso. Cuando le pregunté más tarde a qué
se refería, me respondió que estaba hablando de la corrupción, la ineficiencia,
la falta de reconocimiento a los derechos de propiedad, y el ''capitalismo con
amiguismo'', que están impidiendo que muchos países logren reducir la pobreza.
Otros funcionarios de Estados Unidos me
señalaron que el mensaje antipobreza --o la necesidad de lograr ''crecimiento
equitativo'', como lo llaman-- será el eje del discurso del presidente Bush en
su programado encuentro con 34 presidentes de las Américas en enero próximo, y
que será un tema clave de la retórica de Estados Unidos en la región en los
próximos meses.
Según me comentó un alto funcionario del
gobierno, esto no será un cambio de política, sino un ''renovado énfasis'' en
los temas de los que habló Bush en la cumbre antipobreza de la Organización de
las Naciones Unidas en Monterrey, México, el año pasado
¿Será todo esto un simple cambio
retórico, o tendrá efectos concretos sobre la política de Estados Unidos hacia
la región?
Algunos analistas en Washington dicen que
los recientes pronunciamientos del gobierno a favor de que el Fondo Monetario
Internacional (FMI) fuera más flexible con Argentina ayudaron a que se
concretara el acuerdo entre la institución financiera y ese país la semana
pasada, y que eso marca un cambio significativo en la postura de la
administración Bush.
Hasta hace poco, en especial durante la
gestión del ex secretario del Tesoro Paul O'Neill, el gobierno recomendaba al
FMI una línea dura hacia los países deudores.
Tal como lo señala Miguel Díaz, un
analista del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, ''hay un cambio
en la tonada'' de Washington sobre el FMI.
Claudio Loser, un ex funcionario del
Fondo que estuvo a cargo de negociaciones con países sudamericanos, está de
acuerdo. ''Hasta hace poco, Estados Unidos tenía una posición casi doctrinaria,
que le recomendaba al FMI no prestar más dinero a países que no tuvieran una
trayectoria muy clara en sus reformas económicas'', me dijo. ``Ahora, Estados
Unidos ha adoptado una visión más pragmática, reconociendo que a veces los
países pueden haber tenido fallas''.
¿Veremos una retórica menos ideológica
del gobierno de Bush en la región? ¿Será el ''conservadorismo con compasión''
--el lema de la anterior campaña presidencial de Bush-- el nuevo mantra
de la política de Washington hacia América Latina?
Está por verse. Pero el discurso inaugural
de Noriega la semana pasada, y el apoyo de Estados Unidos a una mayor
flexibilidad del FMI antes del acuerdo con Argentina, son motivos de esperanza.
Por lo menos, Washington y América Latina están empezando a hablar el mismo
lenguaje.
Andrés Oppenheimer