Los cultos y los que no lo somos
En las últimas horas nos hemos enterado que un grupo de alrededor de unas doscientas cincuenta personas vinculadas al teatro y a la cultura nacional, mediante un comunicado que han enviado a los distintos medios de comunicación, han manifestado su apoyo expreso, de cara a las elecciones nacionales del mes de octubre, a la candidatura del Dr. Tabaré Vázquez. Este hecho, en sí mismo y para quien escribe, no tiene básicamente aspectos negativos. Cada ciudadano o grupo de ciudadanos tiene el derecho de expresar libremente sus inclinaciones o preferencias políticas. Pero lo verdaderamente interesante surge cuando tratamos de esbozar una hipótesis inversa. ¿Qué sucedería si un grupo de personas vinculadas a la cultura nacional manifestara públicamente su adhesión a alguna de las candidaturas de los partidos tradicionales?¿Cuáles serían las reacciones desde la izquierda o incluso desde el resto de los integrantes de nuestra tan ilustrada comunidad cultural al enterarse que alguno de sus miembros manifiesta su preferencia por, por ejemplo, Jorge Larrañaga?
Las
respuestas a estas preguntas surgen con una claridad y una certeza alarmante.
Probablemente los motes de “facho” “reaccionario” o
“retrógrado” lloverían sobre el pobre o los pobres individuos que, en uso de
sus derechos consagrados por la Constitución de la República tuvieran el “toupet” de, públicamente, apoyar a algún candidato que no
sea el que nuestra tan moderna comunidad cultural apoyara.
Los
gobiernos que han regido los destinos del país desde el año 1985 poco han hecho
por la cultura en nuestro país y esa es una verdad que debe ser asumida así
como un error del cual se debe aprender. Pero de todas formas creo que debemos
revelarnos contra los encasillamientos que, desde la izquierda y para tratar de
evitar que pensemos y razonemos, han tratado de inculcarnos e imponernos,
buscando evitar la natural complejidad que cada ser humano tiene en si mismo.
Parece que en este país para ser culto o intelectual hay que necesariamente ser
de izquierda. O si uno dice que el Carnaval es un espectáculo deplorable ( como yo lo pienso ) se transforma al instante en anti-uruguayo.
Los esquemas y los encasillamientos son las verdaderas cárceles del intelecto del ser humano. El ser espíritus libres y pensantes es un don de Dios o de la naturaleza que hay que saber utilizar. Cada uno de nosotros debe ser libre para discernir y tomar sus propias opciones sin temor a que un grupo o corporación nos diga lo que es “políticamente correcto” o “intelectualmente cool”. En lo que respecta a la cultura, la única distinción que debería existir es entre los talentosos y los que no lo son. El problema es que estos últimos se refugian en estos esquemas o encasillamientos para, precisamente, poder disimular su falta de talento.
Alfredo Susena