La ley de la selva

 

Los hechos ocurridos en la Ciudad Vieja, han puesto en el tapete la cada vez más cuestionada gestión de José Díaz al frente del Ministerio del Interior.

 

La tardía acción  de la policía para finalizar con los sucesos en la plaza Matriz, por parte de aquellos, que escudados en una manifestación de carácter político cometieron claros actos de vandalismo, y que ahora quieren aparecer ante la opinión pública como presos políticos, algo que claramente difiere con la realidad, pero quizás forme parte del nuevo Uruguay  donde parece estar todo permitido, alentados a su vez por una inoperancia de las autoridades ministeriales cada vez más evidente y preocupante.

 

La tardanza de la policía no fue el único error, a eso debemos sumarle la grave omisión por parte del Ministro y sus colaboradores de no hacer caso a los informes de inteligencia policial que advirtieron oportunamente sobre los incidentes, cosa que fue irresponsablemente pasada por alto, hecho   que hubiera evitado todo lo sucedido.

 

Ha llegado la hora que desde el Poder Ejecutivo se tomen cartas en el asunto, y  que de  una vez por todas se reconozca por parte del Presidente el error cometido con la designación de este Ministro, alguien que da claras muestras de no estar capacitado para ocupar el cargo que representa.

 

Es un nuevo ejemplo de que este gabinete se ha conformado más como  premio a una larga militancia política dentro de la hoy fuerza gobernante, o por cuota de poder,  para tratar de mantener el delicado equilibrio dentro del Frente Amplio y que esto les permita gobernar sin problemas, que por la idoneidad de los Secretarios de Estado como debería ocurrir en un país en serio como hasta  el primero de marzo lo habíamos sido.

 

La sensación de indefensión que tenemos todos los ciudadanos es cada vez mayor, seguramente porque el Ministro se muestra demasiado dubitativo en su accionar, parece no poder desprenderse de esa concepción filosófica que tiene sobre  las fuerzas del orden, como represoras de la libertad del pueblo y de los desposeídos.

 

No estaría mal que alguien le avisara al señor Díaz que su función es proteger a todos los ciudadanos, y sobretodo a los honestos quienes con su trabajo han hecho de este pequeño país un orgullo.

 

A tal punto el mencionado jerarca deja gobernar sus acciones por un  dogmatismo mental  propio de la década del 60, que está constantemente coartando la posibilidad de sus subordinados en su lucha diaria contra el crimen, cosa que no es compartida por ej por el subsecretario de la cartera quien parecería tener un tanto más claro como son las cosas.

 

El mayor beneficiado ante esta mezcla de impericia e inoperancia cada vez mayor es el delincuente quien debe sentirse a sus anchas con este panorama.

Por el contrario al ciudadano común ya no le va a alcanzar con vivir enrejado como en la actualidad, sino que tratará de defenderse como pueda ante el delito, por lo cual, de esto seguir así entraremos en una especie de “ley de la selva” donde sobreviva el más fuerte.

 

Obviamente esperemos que  esto no suceda, pero tan solo estamos describiendo una sensación que percibimos con más fuerza día a día.

 

Quizás el hecho de tener que vivir enjaulados y sentir que los delincuentes son cada vez más impunes, son algunas de  las cosas que debamos festejar los uruguayos, según palabras de Vázquez cuando ganó en octubre

 

Carlos D Aguirre