2004: Una recuperación tramposa

¡Aleluya! Finalmente, hay buenas noticias para América Latina: las nuevas proyecciones económicas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Banco Mundial (BM) auguran que la economía de la región crecerá significativamente en el 2004.

Pero, ¿son confiables estas proyecciones, o sufren de un sesgo optimista de parte de organismos internacionales?

Antes de contestar estas preguntas, veamos los pronósticos. La Comisión Económica Para América Latina y el Caribe de la ONU (CEPAL) anunció el miércoles que está proyectando un crecimiento económico del 3.5 por ciento para la región en el 2004, tras un crecimiento del 1.5 en el 2003, y del 0.4 por ciento en el 2002.

En una conferencia de prensa en Santiago, Chile, el nuevo director de la CEPAL, José Luis Machinea, señaló que considerando que el aumento de la población en América Latina es del 1.5 anual, el proyectado crecimiento económico del 3.5 por ciento en el año próximo se traducirá en un crecimiento per cápita que se hará tangible para muchos latinoamericanos.

Casi todos los países latinoamericanos crecerán, según la CEPAL: Argentina crecerá un 3.5 por ciento; Brasil, 3.3; Chile, 4.5; Colombia, tres; Ecuador, cuatro; México, 2.8, y Venezuela, siete por ciento (luego de una caída del 19 por ciento en los últimos dos años).

El BM es aun más optimista. Ernesto May, uno de los principales economistas para la región del Banco, me dijo la semana pasada que la institución proyecta un crecimiento del 3.7 por ciento para América Latina en el 2004.

Entre los motivos del optimismo generalizado:

• La economía mundial, impulsada por Estados Unidos, está entrando en una etapa de crecimiento que se traduce en mayores importaciones de productos latinoamericanos en Estados Unidos, Japón y China.

• Los precios de las materias primas como el petróleo, el cobre y la soja, que representan una buena parte de las exportaciones latinoamericanas, subieron casi en 16 por ciento en el 2003, y probablemente conservarán sus niveles actuales en el 2004.

• La ola de fuga de capitales de América Latina parece haber llegado a su fin. Gracias a nuevos préstamos de organismos internacionales, la región tuvo ingresos netos de capitales de $3,500 millones este año, luego de sufrir un déficit de $14,000 millones en el 2002.

¿Deberíamos celebrar estas nuevas proyecciones? Yo las tomaría con pinzas. Hay varias razones para no entusiasmarse demasiado, incluyendo algunos factores mencionados en los propios estudios de estas organizaciones internacionales.

Aunque la fuga de capitales ha mermado, hay poca inversión doméstica y extranjera en América Latina. Las grandes inversiones se están yendo a China y a otros países asiáticos.

Las inversiones extranjeras directas en América Latina cayeron un 25 por ciento este año, luego de caer un 33 por ciento el año pasado. China, por otro lado, está recibiendo prácticamente la misma cantidad de inversiones que los 33 países de América Latina en su conjunto, según cifras de la ONU.

Y no es sólo por la mano de obra barata. China y la India están despuntando en tecnología, gracias a sus inversiones en educación. The Wall Street Journal reportó hace pocos días que IBM Corp. planea trasladar unos 4,700 empleos de alta tecnología de Estados Unidos a China, India y otros países. A juzgar por el artículo, América Latina no figura muy alto en el mapa de la IBM.

Por otro lado, los recientes acontecimientos en Bolivia, Uruguay y México son vistos por los inversionistas internacionales como una señal de que, al contrario de lo que está ocurriendo en China, el populismo de vieja guardia está resucitando en América Latina.

Citan, por ejemplo, la revuelta popular en Bolivia para impedir la exportación del gas a Estados Unidos vía Chile; el reciente referendo en Uruguay, en el que el 62 por ciento de los votantes se manifestó en contra de la apertura del ineficiente monopolio estatal petrolero ANCAP (gracias al cual los uruguayos pagan uno de los precios más altos del mundo por su gasolina), y la oposición del Congreso mexicano a aprobar la tan retrasada reforma fiscal.

Mi conclusión: Claro, la economía de América Latina crecerá en el 2004. Pero podría ser una recuperación tramposa, sustentada en fenómenos pasajeros como el alza de los precios de las materias primas, la repentina liquidez argentina luego de suspender los pagos de su deuda externa, y el aumento de los ingresos petroleros de Venezuela.

Si no fuera por algunas señales positivas, como la reforma del sistema de pensiones en Brasil, habría motivos más que suficientes para temer que las nuevas proyecciones económicas crearán un falso clima de optimismo en América Latina, que retrasará el tipo de reformas económicas que están permitiendo reducir la pobreza en países tan dispares como China, India y Chile.

Andrés Oppenheimer