Prioridades
“A
grandes rasgos, en la nueva geografía política mundial hay dos tipos de
naciones: las que atraen capitales y las que espantan capitales. Si un país
logra captar capitales productivos, casi todo lo demás es aleatorio. En el
siglo XXI, la ideología de la naciones es un detalle cada vez más irrelevante:
hay gobiernos comunistas, socialistas, progresistas, capitalistas y
supercapitalistas que están logrando un enorme crecimiento económico con una
gran reducción de la pobreza, y hay otros que se embanderan en las mismas
ideologías que están fracasando miserablemente. Lo que distingue a unos de
otros es su capacidad para atraer inversiones que generan riqueza y empleos, y
–en la mayoría de los casos, por lo menos en Occidente- sus libertades políticas.”
[1]
El
párrafo anterior no hace más que describir brevemente la realidad económica
mundial. Es claro que la gran mayoría de los países latinoamericanos se
identifican según la visión de Oppenheimer, a la cual me sumo, con aquellos
países que son incapaces de atraer inversiones extranjeras. Esto sucede,
justamente, dentro de un marco en el que priman las “ideologías” ante el
bienestar de los pueblos. Una excepción a dicha realidad es Chile que, en los
últimos años ha tenido y tiene un crecimiento impresionante si lo comparamos
con el resto de los países de la región.
Uruguay
a lo largo de su historia ha buscado el crecimiento económico por diversas
vías. Sin embargo, en las últimas décadas los distintos equipos de gobierno
observaron que la única oportunidad real de crecimiento que tiene nuestro país
es a través de la inversiones extrajeras. Porque, mal que nos pese, aquí nadie
tiene el capital suficiente para realizar una inversión de la magnitud de la
inversión que quiere hacer la empresa
Botnia, por poner un ejemplo.
Siguiendo
con el ejemplo, todos los uruguayos sufrimos las consecuencias de los cortes de
los puentes pero, a pesar de eso, seguimos apoyando “la decisión del gobierno”
de continuar con las obras de dicha empresa porque estamos absolutamente
convencidos que, más allá de que los cortes sólo demuestran el interés
económico de Argentina con respecto a las plantas; tendrán muy importantes
beneficios tanto económicos como sociales para el país.
Luego
de planteada tal situación, me es inexplicable e inexcusable saber que la
mayoría de la fuerza política gobernante objetó nuevamente la posibilidad de
que nuestro país firme un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos,
argumentando para ello que tal acuerdo no es coherente con el programa de
gobierno aprobado hace dos o tres años atrás.
Esto,
como tantas otras cosas, me lleva a pensar no sólo que dentro de la fuerza
política gobernante existe una gran inconsistencia e incoherencia para la
acción, sino que también son incapaces de hacer a un lado su tan querida
ideología para mejorar la calidad de vida de un pueblo que, obnubilado por sus
utópicas promesas electorales, les prestó su voto.
Deben
aprender que en la vida existen las prioridades, y que si bien es importante
ceñirse al plan de gobierno; existen variables que no fueron tomadas en cuenta
en el momento en que lo aprobaron, y que en éste momento son fundamentales para
nuestro futuro. O ¿acaso se apegaron al plan de gobierno cuando hubo que votar
por la aprobación de las maniobras Unitas?
Cuándo
comprenderán finalmente que el soberano, que les permitió ocupar el lugar donde
están hoy, no merece que continúen
jugando con él y, menos aún, vendiéndole cuentos chinos.
Florencia
González.-
Juventud
903
[1] Oppenheimer, Andrés. Cuentos Chinos. El engaño de
Washington, la mentira populista y la esperanza de América Latina, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2005.