UN ASUNTO DE POPULARIDAD

 

 

Uno de los peores riesgos que debe evitar enfrentar toda democracia es el de tener excesivo celo por la popularidad del gobierno.

 

Es verdad que la fortaleza de una administración se mide en parte por el sustento que la opinión pública le da a un presidente y sus ministros a lo largo de su gestión. Y es cierto que es este un aspecto a cuidar.

 

El problema se da cuando se utiliza casi exclusivamente el termómetro de popularidad para determinar las acciones de gobierno. Ese tipo de síndrome es el que está fustigando a varios países de la región como Venezuela y, muy especialmente, a la República Argentina, donde se gobierna, notoriamente “para la tribuna”.

 

Hay elementos comunes a ese estilo de administración de los que se autodenominan como progresistas, a los que la historia siempre se ha ocupado de definirlos  acertadamente como populistas.

 

Los uruguayos tenemos que poner las barbas en remojo: En primer lugar porque el mismo Frente Amplio se ocupa permanentemente de marcar su afinidad “programática” con países que como los señalados parecen perseguir como único fin el procurar mantener en oficio a los Presidentes de turno. Chávez está en campaña nuevamente, y Kirchner, que no dejó nunca la tribuna, ya anunció su candidatura para la reelección.

 

En segundo lugar, porque el gobierno ya se ocupó de anunciar, por intermedio del Ministro Mujica, su intención de recorrer el mismo camino.

 

Todo esto en un marco de caída libre de la popularidad del Presidente Vázquez que perdió más de veinte puntos en su primer año en el edificio Libertad, aunque no se lo vea mucho por allí.

 

En marzo de 2005 su aprobación popular era del orden del 65%. La última medición lo ubica en el 44%, bastante por debajo de lo que recibió en votos en el 2004 (50,5%).

 

Esto puede ser peligroso, y tenemos que estar preparados, no sea cosa que el nerviosismo de reconocer que su luna de miel con la opinión pública lo lleve aun más a avanzar en propuestas de corte popular, las que normalmente van a contrapelo de las verdaderas necesidades de una nación.

 

Cuidado.

 

Alvaro Alonso