Rresponsabilidad de todos

 

 

En estos días nuestra capacidad de asombro sobre los desaciertos de la gestión del Gobierno Progresista, se ha visto colmada, aunque sabemos la facilidad para sorprendernos día a día que tienen realizando nuevos dislates.

 

Los últimos ejemplos (enumerar los anteriores sería largísimo), es que ahora sí vamos a tener un tratado de libre  comercio con EE.UU. (con este tema parece que van a romper la caja de cambios, no se cuantas veces pusieron primera y cuantas veces marcha atrás), pero también están en la retranca con el gas oil productivo, que primero era en abril, después era más adelante y ahora no hay tal (ya lo anunció el Ministro Lepra), y ahora parece que se van a gravar los motores gasoleros para desestimular el consumo de gas oil, seguramente en un tiempo también dirán que esto tampoco no corre.

 

En el ajuste fiscal (mal llamado reforma tributaria), que imponía un impuesto a las jubilaciones parece que ahora lo sacan (seguramente contaron el número de credenciales y recularon).

 

En fin, estas son las últimas perlas de un collar que parece interminable en las idas y venidas de un desgobierno que desgraciadamente sufrimos todos los uruguayos, los que no los votamos y los que los votaron.

 

Dentro de los que no los votamos y en particular en los blancos, recae la obligación de informar a nuestros conciudadanos, de todas estas inoperancias del Poder Ejecutivo. Es seguro que muchos uruguayos, que por su actividad, espectro de intereses, apetencia por la información política o económica, perciben claramente lo caótico de la situación, pero seguramente al ciudadano común, muchas de estas cosas se le escapan y es importante que las perciban, juzguen en su cierta medida y llegado el tiempo electoral, formen parte de su decisión de voto. Esa es nuestra responsabilidad.

 

Quienes tienen cargos partidarios, con las ventajas mediáticas que estos les significan y quienes somos simples militantes en el día a día, en el boca a boca, en el trabajo, en el ómnibus, en la feria, en donde sea, debemos patentizar esa falta de ideas, la falta de seriedad, la falta oficio para gobernar, la falta de rumbo cierto y lo que es peor, la falta de coherencia con sus postulados políticos.

 

Debemos hacérselo ver a quienes no los votaron y aún más a aquellos que depositaron su confianza en sus promesas electorales, las que desconocieron una a una. Desde el FMI. hasta el motejado “genocida Bush”, desde las Unitas hasta los cuerpos de la ONU, desde la suspensión de ejecuciones hasta el plebiscito del agua, desde las AFAP hasta el clientelismo político y el nepotismo y entre medio dejaron innumerables otras prendas del apero “progresista”, que sería agotador detallar.

 

Seguramente muchos de sus adherentes, deben llorar en silencio su justa frustración.

 

Este Poder Ejecutivo ha sido un manual de todo lo que no se debe hacer para conducir un país. En más de un año de gestión y amén del tema desaparecidos, no ha habido nada que amerite llamar a este gobierno el Gobierno del Cambio (salvo lo de poner primera y marcha atrás todos los días). Las pocas propuestas que han llevado adelante han sido contraproducentes. A título de ejemplo podemos citar los cambios en las relaciones laborales que acobardan al empresario y desestimulan al inversor en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social; en el Ministerio del Interior la llamada Ley de Humanización de Cárceles ha sido un fracaso y la población vio aumentada su inseguridad; en el recientemente creado Ministerio para Marina Arismendi, el Plan de Emergencia es otro fiasco,  por que se aplicó mal, tarde y además no modifica la realidad de marginación de los beneficiarios, ni se prevén cambios de fondo para modificar esa realidad que sufren miles de compatriotas.

 

 

 

 

 

Pero yo me puedo equivocar y no ver los logros “progresistas”, apelo a vuestra memoria para que repasen el accionar de este Poder Ejecutivo y vean que han hecho en este año largo de gobierno; seguramente será poca cosa más la que puedan agregar, si es que la hay.

 

Entonces ciudadanos, es nuestro deber desenmascarar a quienes con promesas panfletarias, desacreditación permanente de los adversarios políticos, implantación de un estado de resentimiento y revanchismo en el ánimo de los ciudadanos y división entre buenos y malos de los uruguayos accedieron a dirigir los destinos de la Nación y hoy defraudan por incompetencia a los que no los votamos y además por falta de coherencia con sus postulados, a los que si los votaron.

 

Las encuestas son claras del 66% al 44%, en poco más de un año, hagamos todos el esfuerzo y seguramente la ciudadanía castigará cuando llegue la ocasión, a quien lo merezca.

 

Agustin Cobas