Pueblo y autoridad

 

Hebert Gatto, el jueves 4 de agosto de 2005, escribió para el semanario Búsqueda un artículo titulado “La democracia es de centro” en el cual explica: “Derecha e izquierda puras no son congruentes con la democracia (…) pasaron a ser experiencias desvaídas, en esencia irrepetibles. (…) La democracia supone gobiernos necesariamente transitorios, sujetos a una opinión pública mudable y a las presiones e influencias de los divergentes grupos de interés que componen la sociedad moderna. (…) La democracia es definitivamente centrista”.

 

Etimológicamente (del griego pueblo y autoridad), democracia significa predominio del pueblo en el gobierno. En ciencia política, es aquella forma de gobierno en la que el pueblo es titular del poder y se gobierna a sí mismo[1].

 

Ello no quiere decir de hecho que el pueblo ejerza realmente el poder, porque el gobierno es asumido por una minoría; con ello se pretende expresar que la comunidad ejerce una influencia decisiva en el ejercicio del poder político.

 

La democracia se fundamenta en el consentimiento de los gobernados, reflejado en la opinión pública y en la voluntad popular; dicho consentimiento es el fundamento de la legitimidad de los poderes constituidos.

 

Dada esta explicación sobre el concepto de democracia, me atrevería a decir que nuestro gobierno no puede denominarse democrático.

 

Digo esto porque si bien, utilizando legítimos, así como también costosísimos, recursos como son referéndum y plebiscito; se llamó a la ciudadanía para que expresara su opinión con respecto a temas tan preocupantes como son las concesiones del agua y el futuro de la refinería de A.N.C.A.P.; hasta el día de hoy no se ha considerado la opinión de la amplia mayoría del pueblo.

 

Las concesiones del agua continúan en manos de las empresas privadas porque el actual gobierno, que lucho firmemente y realizó una fuerte campaña en contra de la inversión de empresas privadas, porque “el agua es nuestra y no debemos regalarla a capitales privados…”; recién ahora es conciente de que para O.S.E. es prácticamente imposible hacerse cargo de todo el suministro de agua corriente del país.

 

Similar es el caso de la refinería de A.N.C.A.P, bajo el claim “A.N.C.A.P es nuestra, no se la vendamos a empresas extranjeras” fue que lograron que el pueblo votara en contra de una asociación tremendamente favorable, repito, una asociación, y no una venta como el actual gobierno proclamaba. Sin embargo, la semana pasada tuvimos la visita del señor Hugo Chávez, con quien se firmó un acuerdo por petróleo; con lo cual no solamente A.N.C.A.P se asoció con una empresa extrajera, sino que también necesitará invertir no sé cuántos millones de dólares para preparar la planta para el petróleo venezolano.

 

Por supuesto, hoy ninguna de las personas que votó a favor de que no hubiera inversiones privadas recuerda el tema, porque claro, el gobierno se encarga de que estén más preocupados por las excavaciones del batallón 14; y digo esto con el mayor respeto a todas aquellas personas que el tema les toca de cerca porque no puedo siquiera imaginarme su dolor. Pero sinceramente me enerva que utilicen un tema tan delicado como éste para cubrir los desastres que están haciendo.

 

Decir que éste gobierno es democrático sería tomarle el pelo a la formulación clásica de democracia hecha por Abraham Lincoln: “Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.”

 

Florencia González.-

Juventud 903.



[1] Menéndez Pidal, Ramón y colaboradores; Gran Enciclopedia Del Mundo, Bilbao, Marín, 1962: Tomo 6.