Esto
parece de nunca acabar.
Cuando
no es la discusión por el ajuste fiscal (ominosamente llamado “reforma
tributaria”) es por la reforma de la salud, o por la reelección o por otra
infinidad de temas que solo se discuten, pero no se deciden y no se gobierna al
País. En este caso el asunto es el tan mentado TLC con EE. UU.
Como
el tema sigue calientito en la interna frentista, nadie le hizo caso a Tabaré I
o Luis XIV (como Ud. guste llamarlo) y su autoritaria decisión de que solo él
sería el vocero del tema; todos dicen, hablan y opinan, por lo que hubo que
desplegar una cortina de humo sobre el caso para que la opinión pública desvíe
su atención de tan bochornoso e inconducente desempeño político en la búsqueda
del “consenso” (parafraseando a algún general que más vale no recordar).
¿Cuál
es el señuelo esta vez que distraiga al ciudadano de la incoherencia
progresista? Ampliar el tema y publicitar que también se está en tratativas por
TLC con China y con India, para quitarle trascendencia al problema interno del
tratado con EE.UU..
En
este caso es peor el remedio que la enfermedad.
Vimos
al Primer Mandatario entrevistarse con altos representantes de estas dos
repúblicas asiáticas, a los efectos de ir allanando posibles TLC con ellas y
aquí comienza la preocupación real, no la ideológica o la de definir una
interna política.
Los
obstáculos que hoy se ponen al tratado de libre comercio con EE.UU. son básicamente
dentro del Frente Amplio de orden político, se habla de posibles compromisos
que lleven a pérdida de soberanía o condicionamientos para el Uruguay y un
sinfín más de consideraciones según sea el actor político de la izquierda que
intervenga.
Dentro
del empresariado, que ve las cosas mas pragmáticamente, las preocupaciones son
otras y básicamente pasan por el tema de las marcas y patentes, tema muy caro a
los intereses del país del norte y que seguramente exigirá compromisos que
pudieran afectar algunas actividades que hoy se desarrollan acá.
Pero
lo que este Gobierno no menciona y alegremente habla de tratados de libre
comercio con India y China son los perjuicios evidentes que podrían traer
aparejados, le importa más que se cambie el centro de la atención a estos
casos, que las consecuencias nefastas que puedan traer para la producción y el
empleo nacional los posibles tratados.
Paso a explicar con dos ejemplos sencillos y
puntuales.
¿En
EE.UU. cuanto puede valer una prenda de punto?, seguramente mucho más que en
Uruguay, por lo que nuestro País sería competitivo en ese rubro,
¿Pero
cuánto vale una prenda de punto en China Popular? Seguramente mucho menos que
acá y nos veríamos inundados de esos productos, con el perjuicio consiguiente
para la industria y el empleo nacional.
Vayamos
al software de computación, un producto en el cual los nacionales están
teniendo un desempeño más que aceptable desde las plataformas que suponen las
zonas francas, pero ¿ saben Uds. quien es el mayor creador y comercializador de
software en el mundo? Pues nada más y nada menos que la India. ¿Que pasaría con
este prometedor segmento del mercado de la exportación uruguaya con altísimo
valor agregado? Seguramente se vería gravemente afectado por el monstruo
mundial que es la India en el tema.
Estas cosas que hoy el
Poder Ejecutivo no difunde a la opinión pública, es lo que nos debe preocupar a
los uruguayos; en que medida los TLC, sea con quien sea, pueden afectar la
producción y el trabajo nacional. No si el Tío Sam es bueno o malo. No si la
izquierda nacional siempre despotricó contra los TLC propuestos por otras
administraciones anteriores y hoy no sabe como sacar la pata del lazo. No si el
Partido Comunista Uruguayo se rasga las vestiduras con el tema acá en casa,
pero quiere que se levante el bloqueo a Cuba para comerciar con EE.UU..
Esto conciudadanos, es lo
que tenemos que analizar. Esto es lo que el gobierno alegremente maneja en los
medios de difusión sin mayores consideraciones y no baja la lupa a lo que realmente
importa para el País y sus habitantes.
Saben una cosa, en
realidad no se si da para preocuparse mucho, por que como todo lo que proviene
del “cambio progresista”, seguramente quede en nada.
Algo bueno tenía que
rescatarse dentro de tanto desbarajuste.
Festejen
uruguayos festejen, ya queda menos.