Cuando ingresé a la educación superior, junto a
la natural y pujante inquietud juvenil, se despertó en mí un especial
sentimiento por comprometerme en tomar la opción de incidir en aquellas cosas
que de alguna manera conformaban el marco que regiría mis pasos en el tránsito
universitario.
Identificada
con los postulados de CGU, y tremendamente impactada por la señorial figura de
Juan A. RAMIREZ, un personaje discutido por algunos pero respetado por todos,
más allá de ideologías políticas - ,en virtud de su sobriedad, la
claridad y transparencia de procedimientos en su rol de educador en un nivel
que exige el máximo de equilibrio y honestidad profesional, para mantenerse al
margen de cualquier desliz demagógico que lo desvíe de su función específica en
ese ámbito, para escudado en la autoridad que otorga una cátedra, trasmitir
conceptos proselitistas, en lugar de conocimientos.
Esa
imagen de catedrático abstraído de toda cosa o actitud ajena a su papel de formador
de profesionales de las leyes, sumada a una trayectoria política honorable y a
mi criterio exitosa, me decidieron a formar en sus filas, convencida de
incursionar en un ámbito ético-político acorde a los valores que con el correr
de los años mi personalidad fue adquiriendo, estimulada por un ambiente
familiar perfecto.
Obviamente,
el grupo humano de jóvenes que me recibieron en el seno de la agrupación, se
constituyó en el escenario ideal para sentirme a gusto y desarrollarme,
sintiéndome partícipe de una corriente dinámica, pujante, ávida de
realizaciones trascendentes en su afán de servir con dignidad y eficacia, a una
concepción filosófica que tiene sus raíces engarzadas en la heroica gestación
de la Patria.
Con el
tiempo mi nivel de compromiso fue aumentando y fuí
ampliando el espectro de "referentes". Así fueron llegando a mi vida
figuras consolidadas políticamente como
Hoy el
Partido Nacional navega mares agitados. Se requiere manos expertas y temple al
timón, que guíen la nave a buen puerto.
Una
generación de nuevos dirigentes pugna por ubicarse en lugares de privilegio en
la aceptación popular.
El
posicionamiento serio, coherente, responsable, equilibrado pero firme de
nuestros líderes, nos ayuda a creer y crecer, amparados por un optimismo
racional de que "juntos podemos".
Este es
"mi convencimiento", si quieres participar de nuestro entusiasmo, en
la juventud de la 903 te estamos esperando... hay lugar para tí.
Nadia
Menéndez Vaz