Delenda est Uruguay

 

Ya se ha conocido el fallo del Tribunal de la Haya. El Tribunal se expidió negativamente sobre las medidas cautelares demandadas por argentina, de detener la construcción de las fábricas de producción de celulosa en Fray Bentos, dentro de la República Oriental del Uruguay.

 

Todo empieza con el hecho de que las papeleras desistieron de construir las fábricas en la provincia de Entre Ríos, República Argentina. El porqué es sólo materia de especulación. Pero arriesgaremos nuestra opinión.

 

El gobierno provincial argentino ha tomado una serie de medidas para el desarrollo de la industria forestal y el transporte de la madera, haciendo obras tales como caminos, ampliación o remodelación de puertos. Esa provincia cuenta con otras plantas de producción de pasta de celulosa, con tecnología que no llega a satisfacer los estándares medioambientales que contarán las fábricas proyectadas en Uruguay. Las provincias vecinas a Entre Ríos también cuentan con plantas de producción de celulosa, con tecnologías similares a las de esa provincia.

 

Todo esto cuenta, porque ni el gobierno federal ni el provincial han tomado ninguna medida contra la contaminación ambiental producida en su propio territorio por esas plantas de pasta de celulosa. Tampoco lo han hecho con la contaminación que producen otras industrias, en particular las que utilizan productos químicos y que vierten sus residuos en los distintos causes, ríos y arroyos. Un ejemplo muy evidente, lo podemos apreciar en el propio Riachuelo, que es peor que nuestro propio Miguelete. Por lo tanto. debemos concluir que ni al gobierno federal o ni al provincial, lo están motivando razones medioambientales.

 

También queda descartado el argumento manejado un año atrás, cuando la naciente y virulenta oposición del señor Busti fue atribuida a intereses electorales.

 

El argumento de mayor peso que sostuvo Argentina es que las plantas de producción de pasta de celulosa van a tomar y verter agua del río Uruguay, y que por ello y en tanto hay un tratado vigente, la República Oriental del Uruguay debió haber comunicado este hecho a la otra parte. Sin embargo el diferendo fue aparentemente zanjado por las negociaciones desarrollados por los cancilleres Opertti y Bielsa, a tal punto que el gobierno federal incluyó en su informe al Congreso de la Nación que el diferendo estaba acordado.

 

Quizás lo que más relevancia haya tenido en el sentimiento popular es el aspecto político, en cuanto al ejercicio de soberanía tutelada que se manifiesta en la postura del gobierno argentino, y en particular el cobro político subyacente del favor que hizo Kirchner a Vázquez  para acceder al gobierno. Pero ese favor es particular entre dos personas y no obligan al pueblo uruguayo.

 

Pero como dijimos, arriesgaremos otro enfoque.

 

Entre el año 264 A.C. y el 146 A.C. se desarrollaron las guerras púnicas que enfrentaron a la surgente Roma con la dominante Cartago, y que terminó con la hegemonía de esta última como potencia marítima y comercial en el Mediterráneo occidental y Europa meridional.

 

Tras la segunda guerra púnica, el tratado de paz consiguiente establecía que los cartagineses no podían tener una flota armada, ni tampoco hacer la guerra sin permiso de Roma. Por eso, cuando Catón el Viejo visitó Cartago en el año 152 A.C., creyó que iba a encontrar una diminuta y mísera ciudad situada en una península africana: nada más lejos que la realidad. Los cartagineses, no pudiendo emplear su dinero en guerras, y con una enorme capacidad comercial que les hacía convertir lo que tocaban en oro, habían hecho de su urbe una ciudad esplendorosa, sobre todo comparándolo con el inmenso barrio de chabolas que era Roma en esta época de su historia. Ante esta situación, Catón volvió a Roma bramando contra Cartago, diciendo que si dejaban que ésta se recuperase, volvería a entablar una guerra contra Roma, y que por tanto, y por razones de seguridad, Cartago debía ser destruida. Esta frase (Delenda est Cartago), constituyó el final de todos sus discursos, versasen sobre lo que versasen, durante los tres años que precedieron al inicio de la guerra. Uno de sus discursos más espectaculares fue el que dio en el Senado con un higo en la mano, procedente de Cartago según él (aunque muy probablemente fuera de su propia huerta, eso sí, de una higuera cartaginesa), argumentando que este higo representaba el inmenso poder civil, a la par que militar, de la ciudad de Cartago. Fuente: Wikipedia

 

Volviendo a lo nuestro, es obvio para todos quienes visiten Fray Bentos que la ciudad tuvo un gran cambio. Ahora se ve una ciudad pujante, en pleno auge comercial, con comercios nuevos, con desempleo cero, con oportunidades de trabajo para obreros de fuera del departamento, con pequeñas y medianas empresas de servicios nuevas, con valorización del precio de las propiedades inmuebles, con nuevas construcciones y por sobre todo, se puede apreciar el optimismo de los habitantes sobre su futuro, y ese cambio se produjo desde que las papeleras hicieran pública su decisión de invertir en la construcción de las plantas de producción de pasta de celulosa.

 

Del otro lado del río esta actividad la ven pasar, y que tomando el argumento ambiental, como Catón tomó su higo, furibundos tronan contra Botnia y Ence y las exhibirán ante la banca internacional y ante las bolsas de valores como las mayores contaminadores del medio ambiente, pero en definitiva apuntan contra el gobierno uruguayo y contra los intereses y la soberanía uruguaya.

 

Es por ese motivo que Busti y Kirchner seguirán terminando sus discursos con un: Delenda est Botnia, delenda est Fray Bentos, delenda est Uruguay.

 

Carlos Cobas