DE
GAMBETA EN GAMBETA
La
discusión acerca de la derogación de la ley que autoriza a ANCAP a asociarse
con privados está comenzando a tomar forma. Por el momento, todo se ha resumido
a pequeños debates de carácter bastante superfluo que poco han hecho por aclararle
el panorama a los uruguayos.
Lo
que todos esperamos y deseamos, es poder tener la posibilidad de escuchar a los
líderes de las distintas colectividades políticas, contrastando su visión del
tema. En especial, sería muy positivo que el Dr. Tabaré Vázquez abandonara esa
remisión a debatir porque es lógico pensar que, en definitiva, lo que subyace
es un gran temor a enfrentarse con personas que puedan estar argumentativamente
bastante por encima de lo que el mencionado político pueda brindarnos a los
ciudadanos para poder convencernos. Porque, en último término, esa es la
función primordial de un encuentro de opiniones; que la ciudadanía opte por
aquellos argumentos que estime más positivos para el futuro del país. Y el Dr.
Vázquez no hace más que privar a sus compatriotas de esa posibilidad.
Creo que en primer término, los uruguayos deberíamos conocer los
argumentos económicos (porque el tema es netamente económico) del líder del
Frente Amplio que han hecho que contradijera a sus principales asesores en la
materia. Es por todos conocida la opinión favorable a la ley de los Senadores
Astori y Couriel así como del Economista Walter Cancela. Para rebatir estas
opiniones, se deben esgrimir indudablemente conocimientos profundos que hasta
el momento no han sido demostrados por parte del Doctor Vázquez.
En
segundo lugar, la terca actitud de debatir únicamente con el Presidente Batlle
es una profunda demostración de cobardía política. Tabaré Vázquez sabe que en
un debate con Batlle corre con ventaja aún antes de pronunciar una sola
palabra. La mala opinión pública de la gestión presidencial hace fácil el
desafío.
Por
último, la actitud del Doctor Vázquez tiene un componente tan elevado de
altanería, que resulta hasta repugnante. Hoy no es más que un posible
precandidato a una elección interna, posición que comparte con muchos actores
políticos. No se trata aquí de desconocer tontamente el peso electoral del
Encuentro Progresista y de la influencia de su líder. Todo lo contrario. Lo que
los ciudadanos esperamos es la actitud responsable de un conductor que pretende
ser estadista y no los “gambeteos” de un político mañoso. Esta es una buena
oportunidad para demostrarlo. Quizás después sea tarde.