EL GENERAL NO TIENE QUIEN LO ESCUCHE
Pocos como el General Liber Seregni se encuentran en la categoría de hombres mas allá del bien y del mal. Su indiscutible formación castrense, su condición de artífice fundamental en la unificación de la izquierda nacional y su indoblegable defensa de la democracia permiten que nadie en este suelo le pueda atribuir intencionalidades políticas a su reciente reportaje en el Diario “La Nación”.
Basta repasar cualquier instancia
en su fecunda vida política para coincidir que siempre ha sido un hombre
franco, sincero y de diálogo al punto de acuñar un término a la salida de la
dictadura que resume su insistente pregonar como lo es el concepto de consenso.
Es por tanto que la alarma es doble al leer sus afirmaciones al
provenir del más sesudo conocedor de los vericuetos internos de nuestra
izquierda, hoy al mando del Dr. Tabaré Vázquez.
Verticalismo como enemigo de la
democracia, defensa acérrima de los intereses sindicales y corporativos por
encima de los intereses generales, falta de cultura de gobierno, falta de
altura y preparación para gobernar, y radicalismos absurdos son todos elementos
manejados por el General que ilustran
perfectamente lo que se vive hoy en el Encuentro Progresista.
Decimos doble alarma por lo que
fueron las repercusiones del vazquismo obviamente negando estos dichos y
contraponiendo un argumento irrisorio: El ejemplo de la Intendecia de
Montevideo y su incremento en el respaldo popular como prueba de su capacidad
de goberino.
Esta practica del avestruz
conjugada con la de matar al mensajero es equivocada por dos factores
elementales.
El primero, la gestión de las
Administraciones Frenteamplistas ha demostrado objetivamente su poca innovación
y capacidad de ejecutar sus programas de gobierno, y que unos pocos ejemplos
bastan y sobran para demostrarlo:
a) Una
descentralización absurda, agotada y que exprime los bolsillos de los
contribuyentes que ven plácidamente como les pagan a los 18 jerarcas máximos de
la misma sueldos de ministros que en vez de solucionar los planteamientos los
mandan a 18 y Ejido.
b) Un
relacionamiento tragicómico con el sindicato que no permitió ni siquiera la
asunción normal del Intendente Arana al frente de su segundo mandato y que
desembocó en una fratricida y agresiva lucha interna dentro del Frente Amplio
en la huelga de año pasado.
c) El poco
valor dado a alcanzar acuerdos extrapartidarios manifestados por el absoluto
incumplimiento al acuerdo por el cual los nacionalistas nos comprometimos a
votar los recursos para el saneamiento con tal de imponer el Defensor del
Vecino.
d) Una
política de inversiones irritante que al día de hoy no llega al 9 por ciento de
los ingresos municipales que se destinan a sueldos de otro mundo.
e) La
voracidad fiscal que medida en la moneda que se quiera cuadruplicó su carga
tributaria en estos últimos tres gobiernos del Frente.
f)
Una conducta poco apropiada de los dineros públicos evidentemente
desordenada que bate sus propios récords ejercicio tras ejercicio y no hace
frente a las elementales tareas inherentes a un municipio tales como la
limpieza, iluminación y estado de calles y transito.
g) La
contradictoria visión sobre el rol de los agentes privados en las concesiones
de servicios públicos que se tienen en el ámbito departamental con el nacional.
h) Podríamos
agregar cientos de ejemplos más, el proletario vehículo oficial del Sr.
Intendente, la trasparente gestión de su secretario personal y su solidario
aporte a la crisis que se tiene cuando manda ejecutar civilmente a los
contribuyentes con los inspectores en las calles que aplican las multas más
altas de toda la República, o las referidas a las políticas sociales, o
viviendas construidas.
Es obvio que por lo expuesto, el
ejemplo del accionar municipal no es el correcto, y vaya si nos cabe como
integrantes del Partido Nacional revertir esta situación que desde nuestro
punto de vista el aumento electoral en Montevideo obedece a factores externos a
la propia izquierda con la génesis del desencanto en los partidos tradicionales
y por ende en su credibilidad.
Pero el segundo factor al que
aludíamos y que desconocen los vazquistas es la inmensa diferencia que existe
entre el manejo de un municipio y el Gobierno Nacional y que constituye el núcleo
central de lo que el Gral. Seregni quiso trasmitir.
Un gobierno es manejo económico,
manejo financiero, manejo bancario, asunción de responsabilidades externas, transmisión
de valores en educación, eficacia en las cuentas públicas, dinero a fin de mes
para pagar casi un millón de sueldos públicos y pasividades, política exterior
pragmática, articulación con las Fuerzas Armadas, modernización del aparato
del Estado, asignación de recursos
escasos a miles de tareas prioritarias, seguridad en las reglas de juegos para
atraer inversiones que generen ganancias en el largo plazo, impedir catástrofes
sanitarias, regular las condiciones laborales y un millón de etcéteras que se
entrecruzan entre sí y requieren la participación de miles de jerarcas para su
atención.
Evidentemente este honor y estas
responsabilidades distan en mucho de la retórica maniquea y el habitual negativismo con que la izquierda
nos tiene acostumbrados y que su obstinada intención de dividir a nuestra sociedad
en buenos y malos se puede transformar en un peligroso boomerang si llegan al
poder.
Es tarea nuestra, de los
nacionalistas impedir esta situación. Desde Desafío Nacional seguiremos en la
aparentemente infructuosa tarea de
bregar por la búsqueda de la justicia para nuestra gente, velando por la
trasparencia y rectitud en los procederes públicos y nuestro incambiado afán de
colaboración y construcción, elementos estos indisolubles para poder hacer
política con mayúscula y no tener que sufrir los vaticinios del General.