SALE ATCHUGARRY

 

 

No es una buena noticia que Alejandro Atchugarry deje el Ministerio de Economía.

 

Tampoco ayuda lo sorpresivamente que el hecho deviene.

 

Hoy, cuando apenas podemos decir que se insinúa un cambio de tendencias hacia el restablecimiento de ciertos equilibrios mínimos  indispensables para el desarrollo económico de nuestra sociedad, el recambio del titular de hacienda, especialmente por lo que representa por su impronta personal, no suma sino todo lo contrario.

 

Este último año ha sido crucial, y el estilo desplegado por el Ministro resultó a todas luces un elemento fundamental para transitar el espinoso camino que debió sortearse.

 

Entendemos que el oficio del político resulta básico para poder procurar respaldar acciones como las que se tomaron por momentos con ritmo de vértigo, en el peor año que podemos recordar los uruguayos en lo que refiere al comportamiento de nuestra economía en las últimas décadas.

 

Hace pocos días cuando dimos nuestro voto favorable para aprobar la rendición de cuentas, manifestábamos que esa era la rendición de cuentas que nadie quería votar, pues era como una especie de diario íntimo de uno de los peores años de la vida del País.

 

 No podemos dejar de reconocer que los distintos pasos que se fueron dando desde el traumático feriado bancario, forzosamente decretado el invierno pasado, fueron los adecuados, para lo que, justo es reconocerlo, todas las fuerzas políticas en uno u otro sentido, dieron  su colaboración.

 

La reprogramación de los depósitos, la reestructuración de la banca, el canje de la deuda, y el manejo fiscal resultaron en el escenario que hoy se nos presenta, si bien difícil, pero evidentemente más favorable que el que teníamos hace solo doce meses.

 

Es así que aparece esta noticia cuando vemos que hay señales sobre la eventualidad de otorgar rebajas tributarias y aumentos salariales que no terminamos de compartir dada la aun especialmente frágil situación de nuestras finanzas publicas.

 

Entendemos que se debe consolidar el precario proceso de recuperación económica desde el estado hacia el sector privado para que este pueda desarrollar sus capacidades y por consiguiente, y como única formula viable, recuperar climas, confianzas, seguridades y en consecuencia avanzar  con mejores pronósticos hacia un mejor futuro.

 

Para que esto se dé, hubiera sido preferible el poder seguir contando con el valioso aporte de Atchugarry, especialmente por su experiencia política, en lo que hubiese constituido un conveniente mensaje de continuidad hacia todos los actores, sociales, económicos y políticos.

 

Al nuevo Ministro le deseamos suerte y le ofrecemos nuestro apoyo para poder seguir adelante.

A Alejandro Atchugarry, por encima de no compartir su decisión  y aunque pudiésemos comprenderla, queremos por esta vía expresarle nuestro reconocimiento.

 

 

Álvaro Alonso