PRAGMATISMO Y NACIONALISMO EN POLITICA EXTERIOR

 

Los uruguayos podemos estar tentados a formular una falsa dicotomía en política exterior, si pensamos que tanto el ALCA como  el MERCOSUR son proyectos antagónicos.

 

El discutir sobre supuestos promueve un debate que por lo intangible se vuelve estéril en sí mismo.

 

El Tratado de Libre Comercio de las Américas, es un enorme y ambicioso proyecto geopolítico del fin del siglo 20 cuando el Departamento de Estado Norteamericano bajo una administración Demócrata observó la falta de liderazgo que estaba teniendo en América Latina, o como les gusta llamarnos, el Hemisferio Occidental.

 

Cuando la actual administración asume el importante desafío de llegar al 2005 con las pautas negociadas, la política exterior estadounidense tiene un viraje determinante, a partir del 11 de setiembre del 2001 al imponerse un estado de guerra todos lo procesos de negociación comercial pasan a un segundo plano, priorizando como ha sido tradicional en la historia de las Relaciones Internacionales los procesos de negociación política.

 

Hasta esa fecha el ALCA también era un conjunto de buenas intenciones, dado que los resultados de las negociaciones ofrecían mas los paréntesis de las excepciones que los avances obtenidos, y la disparidad y las asimetrías de los proyectos regionales atentaban contra los entendimientos de naciones que siendo diferentes en tamaño y población en muchos casos competían entre sí.

 

Fue tan rotundo el cambio de rumbo en Washington que hasta su aliado más directo en el proceso integrador como lo fue México ha comenzado a sufrir las consecuencias de los diferentes criterios en política internacional, siendo significativo el deterioro de las relaciones entre Vicente Fox y Bush a diferencia de cuando se visitaban en sus respectivos ranchos.

 

Si se analizan el estado de las negociaciones regionales podemos evidenciar aun más nuestra teoría; van bien las negociaciones con América Central, dependiente natural de los Estados Unidos, con un complejo proceso socioeconómico que hace que, en muchas ocasiones, la principal fuente de ingreso a esas economías sean los giros que los inmigrantes centroamericanos envían desde los diferentes Estados de la Unión.

 

Asimismo Colombia y Venezuela representan prioridades geopolíticas, que promueven acciones específicas que se traducen en la avanzada negociación con todo el Pacto Andino, donde el Gobierno Republicano entiende y con razón a sus intereses que tienen que modificar su presencia.

 

El caso chileno es paradigmático en el cambio de actitud de la política estadounidense. La reciente guerra contra Irak pone en jaque el acuerdo de libre comercio que estaba a punto de celebrarse, y muchos legisladores a la hora de aprobarlo, recordarán y harán recordar cual fue la posición del Gobierno de Lagos en el Consejo de Seguridad de la ONU.

 

De estos análisis, telegráficos podemos realizar algunas hipótesis referidas a nuestro Cono Sur, para luego concluir cuál es en definitiva la posición más inteligente que nuestro Uruguay tiene que defender.

 

Los cambios económicos y políticos acaecidos en las mayores economías del MERCOSUR alejan también la priorización del ALCA.

Después de turbulentos momentos en donde la realidad económica se rió a carcajadas de lo establecido en el Tratado de Asunción, nuevamente soplan vientos integradores entre nuestros vecinos.

 

La necesidad de reforzar posiciones negociadoras frente a Washington después de los atentados, obliga a recordar el acierto del 19 de junio de 1991 cuando en el Jardín de las Rosas se firmara la intención de negociar juntos y se le dio en llamar el Tratado de 4 + 1.

 

Doce años más tarde y obligados por las nuevas circunstancias se reedita el acierto y la visión del gobierno nacionalista de la época, evidenciando con pesar el grotesco error que siempre resulta el dejar que el tiempo pase.

No por ello somos pesimistas.

Muchos fueron los cambios que desde la década del 90 se produjeron en nuestro país, y muchas son también las enseñanzas que debemos tomar en cuenta para poder determinar con claridad y sin falsas ideologías, los verdaderos intereses que tenemos como Nación.

 

Si asumimos con orgullo y humildad nuestras asimetrías y entendemos que integración no significa hiperdependencia. Si valoramos y hacemos valer la preparación  de nuestra gente y obligamos a nuestro empresariado a mirar hacia el exterior, descubriremos que nuestro potencial tiene un desarrollo propio, que dista mucho de cualquier voluntad extranjera manifestada cerca o lejos de nuestras fronteras, y que en la defensa de ese potencial todo tiene que ser complementario y nada excluyente.

 

De esta forma y con las pruebas sobre la mesa nos ahorraríamos sesudas discusiones sobre la forma de actuar de los demás y nos preocuparíamos en mayor medida de nosotros mismos.

 

Sebastián Da Silva