A “los Plancha” ahora no les dan ni pan, ni circo

 

 

Dos hechos nos han llamado la atención esta semana que pasó. Quizás haya que buscar una explicación común a ambos. En uno, a los que menos tienen se les birló la posibilidad de ver al seleccionado uruguayo en las tribunas populares del estadio Centenario, y en otro, un grupo claramente de ese mismo sector socioeconómico, y denominado Movimiento Plancha, fue recibido con bombos y platillos por un partido político.

 

Pan y circo no es sólo el nombre de un programa periodístico, es más bien una expresión que se acuñó en el imperio romano, que indicaba un modo de gobernar utilizado para contener a la plebe.

 

Corría el mes de Enero 38 D.C., era el año siguiente de la  muerte de Tiberio, cuando Calígula, organiza los primeros juegos en el gran Circo romano, juegos que habían sido prohibidos por su predecesor.

 

“Una multitud atestaba el circo, bajo el entoldado que la protegía del sol y ...Cuando todo estuvo por fin listo para el espectáculo, entre los ensordecedores vítores de la multitud, la familia imperial ocupó un puesto en el pulvinar. Se trataba de un amplio palco separado por una colgadura de los sitios reservados para las vestales. Los cojines mitigaban la dureza de las gradas de mármol. Una escalerilla, que permitía al emperador resguardarse de la vista del público, daba acceso a unos cómodos excusados instalados entre dos niveles.” (Calígula:  Paul-Jean Franceschini y Pierre Lunel)

 

 

Este principio de Pan y Circo fue el desiderátum de los gobernantes desde aquellos tiempos, y fue aplicado inescrupulosamente por los emperadores romanos para controlar a la plebe.

 

Si bien este concepto nos parece deplorable cuando se utiliza con el fin de manipular a la gente, dar de comer y dar oportunidades de alegría al pueblo es la acción más loable de los gobernantes. 

 

El pasado sábado, nuestro Estadio Centenario estaba semi vacío. Las tribunas populares, Ámsterdam y Colombes (a pesar de que a último momento se permitió el ingreso de quienes habían comprado entradas de $ 100, y el talud no fue habilitado), generalmente repletas para un partido por las eliminatorias del campeonato mundial de fútbol, sintieron el rigor del precio de las entradas, la prueba está a la vista, el precio no era accesible para el bolsillo del uruguayo medio. El diario el País, en su primera plana de la edición del domingo 14, decía que “Por primera vez en muchos años el Centenario mostró tribunas con grandes claros en Partidos por Eliminatorias”.

 

Los días previos al partido, los periodistas deportivos advirtieron lo que iba a suceder. La gente no podía pagar el precio de las entradas. Sin embargo, nadie escuchó y no se actuó a tiempo.

 

El pulvinar del estadio contó con la presencia del presidente de la AUF, acompañado de Figueredo y dos hombres vinculados al fútbol, los ministros Lescano y Lepra. Asimismo estaban ahí la ministra Tourné, el ministro Mujica y su esposa. Desde otras localidades lo presenciaron otros funcionarios, como el ministro Astori.

 

Nos parece muy bien que quienes ocupen cargos importantes de gobierno vayan al estadio a ver a la selección uruguaya y que en honor a sus cargos de jerarquía, ocupen por derecho las localidades de privilegio. Desde ahí se deben de haber percatado del vacío en las tribunas populares.

 

Nunca, ni en lo peor de la crisis, el uruguayo dejó de ver a su selección. Se podrá opinar que las entradas eran caras o que tenían un precio en consonancia o menor al que se paga en los demás países, lo cierto es que estaban fuera del alcance del bolsillo de los que menos tienen. Aquí también se aplicó el principio de que pague más el que tiene más, o dicho de otra forma, que lo mire por televisión el que tiene menos.

 

No nos extraña nada que otro Partido, pero no de fútbol sino político, haya dado formalmente la bienvenida  al movimiento Plancha. Ese sector de la sociedad siempre existió. Recordamos que ellos fueron captados por el mismo Partido allá por el año setenta y uno, y son los mismos que más sufrieron los coletazos de la crisis del 2002, y son los mismos que esperanzados en el cambio, apoyaron al grupo liderado por el ministro Mujica, en las últimas elecciones nacionales.

 

Es probable que “los Plancha” se hayan dado cuenta que sus ilusiones de cambio no coincidían con el concepto de cambio del partido de gobierno, y que el señuelo del monto del subsidio mensual otorgado por el gobierno a una familia de bajos recursos era similar al precio que debería pagar una familia tipo por un abono para ver dos partidos por las eliminatorias del campeonato mundial de fútbol.

 

Con la reforma tributaria el gobierno se equivocó en medir la dimensión del efecto sobre el ingreso neto de las familias y no hizo caso cuando voces disidentes lo advirtieron, luego con la disparada de precios, el Ministro de Economía demostró sus conocimientos sobre los conceptos de inflación y aumentos de precios, pero no entendió la sustancia de la inquietud popular, o no quiso entender que el tema era el efecto sobre el bolsillo de la gente. La gente siente que ya no le queda ni pan ni circo.

 

Ese pulvinar del estadio Centenario o el pulvinar de los despachos del gobierno debe ser un lugar desde el cual los funcionarios puedan apreciar, entender y atender las necesidades del pueblo acertadamente y a tiempo. No son lugares de privilegio, son lugares de servicio. De lo contrario, los Plancha seguirán de Partido en Partido, sin ser atendidos y sin ver el partido.

 

Carlos M. Cobas