LAS VACAS GORDAS
Días
pasados leía un artículo de opinión en el que el editorialista expresaba que en
aquellos países donde las cosas marchan y se hacen bien, las figuras políticas
no están en primera fila. Son actores que desarrollan su actividad en segunda
línea y quienes verdaderamente conforman la avanzada de esas sociedades son los
actores privados. En esos países los políticos son administradores, dentro de
la institucionalidad del sistema, de los impulsos que la propia sociedad
genera, potenciándolos y oficiando como canales para lograr implementar esos
cambios.
En
el Uruguay la cosa es distinta, el estamento político es quien por sí y ante sí toma el protagonismo de las
cosas y todo desde una óptica en la que el Estado es el rector último y en definitiva
el responsable último también. Es la herencia Batllista y la concepción como
tal que tenemos todos los uruguayos, incluso aquellos que no solo no nos
declaramos Batllistas, sino contrarios a esa doctrina, pero esa impronta está
marcada a fuego en el ser nacional.
Cien
años de que Papá Estado debiera intervenir en todo, desde la faena de vacunos
hasta la pesca, pasando por los ferrocarriles y las líneas aéreas hasta los
monopolios de los combustibles, las comunicaciones y la energía, provocó que en nuestra sociedad se generara
una inercia perversa, que anula la iniciativa privada y carga toda la responsabilidad de las
soluciones y los fracasos sobre los gobernantes.
En
los últimos períodos de gobierno, empezando con la administración nacionalista,
se intentó cambiar esa tendencia que
postraba al País, pero con la llegada al poder del progresismo vemos con desazón que ese accionar vuelve a campear por sus reales.
Es el Batllismo redimido, el Batllismo más puro y duro de la época de las vacas gordas. El estado
asistencialista, el estado interventor,
el estado subvencionando actividades deficitarias y con el agravante del estado
coercitivo: el que no piensa como yo, está mal y se le va a aplicar todo el
peso de la maquinaria estatal para intimidarlo. La prensa es ejemplo claro de
ello, con las amenazas de la publicidad de Antel y los dichos de que los medios
complotan contra el Gobierno, desde el propio Presidente, pasando por los
ministros y terminando en el Presidente de
La
coyuntura favorable que vive hoy el Uruguay, en lugar de utilizarse por parte
de los gobernantes para hacer los cambios estructurales que se precisan,
dinamizar las actividades e iniciativas privadas y disminuir el peso del estado
en los costos de producción, se emplea para todo lo contrario, se aumenta el
gasto en forma desmedida, se apañan los reclamos corporativos y no se promueven
las reformas de fondo.
Desgraciadamente
esto es lo que hoy tenemos, el país de las vacas gordas, triste remedo
de las épocas de las post guerras; pero de lo que no nos damos cuentas es de
que el mundo siguió avanzando, cambiando y esa receta que en su momento pudo
ser válida, hoy no solo está perimida sino que nos llevará a una crisis
impensada, cuando las condiciones internacionales no nos sean tan favorables
como hoy y no les quede dudas de que eso ocurrirá, más tarde o más temprano,
las cosas son cíclicas, lástima de que perdamos esta oportunidad de oro para
poder hacer lo que realmente hay que hacer en aras del mal llamado progresismo.
Javier Sala