Los
gobiernos establecen su accionar en políticas de estado cruciales, bases
fundamentales para cualquier administración, estando esto por encima incluso de
la orientación ideológica que ostenten quienes posean el poder en ese momento.
Seguridad
pública, política exterior, políticas económicas y sociales, son los pilares a
los cuales nos referíamos anteriormente.
Si
tomamos como válida esta afirmación debemos como ciudadanía reclamar que
nuestro gobierno tenga bien en claro al menos en estos temas esenciales, un rumbo
definido del camino a seguir, dejando de lado incluso hasta
las posibles discrepancias que se puedan tener.
En
cuanto al Uruguay respecta si de algo podemos estar bien seguros es que por el
momento los grandes lineamientos que regirán los destinos de todos nosotros por
los próximos cinco años brillan por su ausencia.
Las
primeras medidas de las autoridades han generado en la opinión pública una
marcada controversia entre el oficialismo y la oposición.
La
posible liberación masiva de reclusos o la duplicación de cargos políticos en
el Ministerio de Relaciones Exteriores son una clara demostración de ello.
Por
encima de todos estos ejemplos algo que si nos inquieta es el llamado plan de
emergencia ideado por los responsables del flamante Ministerio de Acción
Social.
Tanto
la indigencia, los niños en la calle o la falta de trabajo nos preocupan a
todos sin lugar a la más mínima duda, las diferencias están en como se afrontan
los problemas y se buscan las soluciones.
La
generación de divisas y la inversión son aliados fundamentales en esta lucha
por conseguir una sociedad mejor para todos.
La
desigualdad social o la pobreza extrema no se combaten eficazmente dando a
familias carenciadas una cierta cantidad de dinero sin saber a donde va
destinada esa ayuda o que tipo de contraprestación se espera de quien recibe
esta especie de subsidio estatal.
Lo
único que hemos visto hasta ahora son cientos de personas haciendo cola y
llenando formularios sin tener idea para que, esperando algo como caído del
cielo.
La
única manera que tenemos para erradicar la marginalidad, es creando
empleo real generando hábito de trabajo en aquellos que por distintos motivos
no lo posean.
El trabajo dignifica, los que alguna vez hemos estado desempleados sabemos lo que se siente, una sensación de inutilidad o carga para nuestra familia que solo culmina cuando conseguimos traer el sustento para el hogar, por eso no vemos con buenos ojos esta idea que tal como esta planteada va a traer más problemas que soluciones, pues no solamente se desconoce a ciencia cierta de donde van a salir los fondos para financiar el plan, sino que tampoco a quien alcanza, o hasta cuando dura la ayuda del gobierno, demasiadas interrogantes para algo que nos afecta a todos, aun más a los que menos tienen.
Las
experiencias que se han hecho en otros países, aplicando medidas
similares no han sido buenas, solo basta mirar para la vecina orilla y ver
cual fue el resultado logrado con el famoso “plan trabajar” generador de
una nueva clase obrera, profesión piquetero, señores al servicio del gobierno
que hacen de los cortes de ruta, las marchas violentas o los llamados escraches
su mayor servicio a la sociedad.
Las
concordancias entre un plan y otro nos hace pensar que
estamos transitando por el mismo sendero de nuestros hermanos del Plata, donde
lo único que se ha logrado es fomentar la proliferación de estos seudos
empleados, al servicio del poder.
Esto
sinceramente nos inquieta, porque como decían las abuelas “Para muestra basta
un botón”.