Responsabilidad
consular
El voto consular sigue despertando polémicas, es penoso como se
utilizan las circunstancias de una triste partida del paisito para justificar
esta idea. Rehenes de un juego puramente político, el derecho ha quedado al
margen de la discusión en más de un argumento.
Uruguay es sin dudas uno de los países más libres desde siempre, y más
aun en estos tiempos de vaivenes de dudosa legitimidad en varios países que se
han dado un gobierno electo que ha manipulado el poder para llegar a estados
que no podríamos llamar de derecho. Gobiernos varios juegan un peligroso juego
al filo de las libertades individuales, la legalidad y la “vuelta de tuerca” de
esa legalidad para transformar gobiernos constitucionales en escenario de
poderes omnipotentes y autoritarios. Y de eso sabemos mucho por experiencia y
por lo que vemos en vecinos no tan lejanos como quisiéramos.
Uruguay reconoce a sus hijos sea bajo las circunstancias que se dieran
ante la obtención de ciudadanías legales en otros países, nunca se le
solicitará una visa a un uruguayo por volver a su paisito. Y jamás perderá la
ciudadanía por haber obtenido otra, cosa que no sucede por ejemplo en Cuba.
Dice la Constitución cubana: “Artículo 32o.- (…) No se admitirá la doble ciudadanía. En
consecuencia, cuando se adquiera una ciudadanía extranjera, se perderá
Desde las voces de residentes y el común de la gente afín a la
izquierda se refutan argumentos de naturaleza tan simple y elemental, pero con
tal ruido, que apabullan las reales líneas de análisis.
La información y el conocimiento que puedan poseer nuestros hermanos
en el exterior sobre la realidad uruguaya o sobre los actores políticos es un
argumento pobre y debemos coincidir en parte ya que no existe ley que obligue a
un compatriota a estar informado para votar, pero coincidamos que una cosa son
los diarios y la radio y otra muy distinta el día a día. Por cierto que también
qué diario y qué radio se escuche desde el exterior (ahora por Internet) y si
quien hace uso de este fantástico medio es lo suficientemente abierto como para
escuchar opiniones distintas y no abrir siempre el mismo “libro” sin siquiera
atreverse a ver u oír otras posturas por discriminación ideológica y la
aplicación mezquina del cliché: “ah!, esos son todos iguales,...”azules!”, ni loco los escucho.
¿Alguna vez rompió un florero a su abuela o le quebró alguna planta a
su mamá cuando era un niño?, no se preocupe, todos alguna vez.
Esta pregunta que parece fuera de contexto es claramente una
explicación de lo que se pretende y qué no se pretende con el voto consular.
Cuando éramos pequeños a todos alguna vez nos dieron una reprimenda y nuestros
padres nos enseñaron y reclamaron que fuéramos responsables de nuestros actos.
Ya sea que esto haya sido un empujón a un compañero, le hayamos roto un juguete
a nuestro amigo o hayamos cometido alguna travesura y huido sin hacernos
responsable.
¿Ud. es responsable de sus actos?, ¿es
responsable de sus decisiones?, asumimos que lo es y si alguna vez no lo ha
sido tenemos por seguro que se sintió tremendamente angustiado y posteriormente
hizo lo que debía y se responsabilizó por esas decisiones que tomó.
Por ejemplo, si Ud. decide no hacerle caso a
su albañil, el que le está haciendo la azotea de su vivienda y decide utilizar
una mezcla de cemento y arena en proporciones distintas a las que él le
recomendó, llegaría el verano y la planchada se agrietaría. No tenemos dudas
que acudirá al albañil a disculparse y asumir que Ud.
se equivocó y por supuesto padecerá las consecuencias de esas dediciones
equivocadas, ya sea por que se mojará cuando llueva o pagará “nuevamente” por
los arreglos.
Bueno sería que Ud. fuera el albañil y que Ud. fuera, como albañil, quién hubiera tomado la decisión
de cambiar la mezcla, su cliente estaría mojándose y Ud.
estaría en su casa. Agravemos más la situación asumiendo que Ud. no volvería a arreglarle el problema a su cliente y ni
siquiera pagaría los arreglos.
Esto precisamente pasa con el voto consular, no se trata de derechos
sino de la responsabilidad que los derechos implican. Más allá de la política y
por sobre los partidos, uno debe ser responsable de sus actos y eso conlleva
asumir las consecuencias de las decisiones que uno toma. Pero va más allá, aun
siendo las decisiones correctas, aun así, un compatriota que resida en el
exterior permanentemente no estaría haciéndose responsable de estas decisiones,
por que seríamos todos nosotros los que seremos receptores de las consecuencias
de los actos y decisiones que otros tomaron o ayudaron a tomar.
Imagínese, es como que el Parlamento promulgue una ley que establezca
que: “desde la fecha todas las personas que
transiten por el Salón de los Pasos Perdidos deberán aportar $2 cada vez para
su limpieza”, pero establezca a continuación: “excepto
los legisladores”.
Lo que la ley del voto consular diría en términos de responsabilidad
sería: “Uds. uruguayos residentes en Uruguay
tendrán este gobierno que hemos ayudado a elegir, se someterán a sus leyes, su
estándar de vida, sus virtudes y padecimientos, pero nosotros no”.
Esto está muy lejos de decir que los uruguayos en el exterior viven
mejor que aquí, lejos está en nosotros afirmar que nuestros familiares, todos,
regresarían a mansiones o riquezas. Lejos está también en nosotros afirmar que
nuestros hermanos en el exterior pudieran hacer una mala elección con su voto.
No se trata de eso, pues como mencionaba antes, aunque el resultado de las
decisiones en las que los compatriotas en el exterior contribuyeran para
inclinar la balanza, en detrimento de las preferencias de las mayorías de quienes vivimos aquí, sea acertada o la mejor
de las consecuencias, aun así sería un acto de irresponsabilidad al no asumir
las consecuencias de esos actos y decisiones.
No confundamos ni politicemos de manera partidaria el voto consular.
¿O Ud. cree realmente que todos los uruguayos en el
exterior tienen preferencias de izquierda?, ya quisiera yo contar con los votos
“blancos” de familiares, que los tengo y mucho en el exterior, para las
elecciones.
¿Cuál es el espíritu de esta responsabilidad?, es precisamente la que
hemos plasmado aquí, tanto es así que la consecuencia de los actos y decisiones
de quienes residimos permanentemente en Uruguay afectan a quienes no son
uruguayos, que nuestra Constitución otorga el derecho de voto a residentes
extranjeros aun sin ciudadanía legal otorgada, con más de 15 años.
“Artículo
78.- Tienen derecho al sufragio, sin necesidad de obtener previamente ciudadanía
legal, los hombres y las mujeres extranjeros, de buena conducta, con familia
constituida en la República, que poseyendo algún capital en giro o propiedad en
el país, o profesando alguna ciencia, arte o industria, tengan residencia
habitual de quince años, por lo menos, en la República.”
Otros países siguen los pasos de Uruguay y consideran que las
decisiones de quienes residen permanentemente en el país y sus consecuencias,
le otorgan derecho a todos quienes las padecerán (sean acertadas o no), por ejemplo
Venezuela dice en su Constitución: “Artículo 64. (…) El voto para las elecciones municipales
y parroquiales y estadales se hará extensivo a los extranjeros o extranjeras
que hayan cumplido dieciocho años de edad, con más de diez años de residencia en
el país,”. Nótese que no pueden votar para el Gobierno Nacional.
Si reconocemos que las decisiones que afectan la vida de los
ciudadanos residentes en el país afectan también a toda persona residente más
allá de la calidad de ciudadanía, debemos reconocer estos mismos derechos y
deberes (los de ser responsables) para quienes no residen en el país.
Hecha esta exposición y argumentación, ahora podemos analizar las
particularidades y pormenores de aspectos en torno al voto consular. Por
ejemplo las ausencias provisorias de residentes en el país que por motivos
varios, aquellos que debieron ausentarse por un período equis. Estos tiempos
deberían ser objeto de discusión, pero en el marco de la salvedad que estamos
hablando de residentes en el país.
¿Cuándo una residencia se torna permanente o puede considerarse
permanente?, eso sin dudas será motivo de debate y de hecho lo es, pero siempre
estaremos analizando sobre cuestiones de compatriotas cuyos motivos de
permanencia en el extranjero sean finitos (con tiempo de finalización), por
ejemplo: contrato de trabajo, capacitación, cuestiones legales, etc.
España es sin dudas un ejemplo que se suele manejar desde filas de la
izquierda, allí, en donde se nos ha presentado como la panacea, no están
resueltas cuestiones de logística y fraudes que aunque no son parte del hecho
de emitir o no un voto consular, hacen a los aspectos que deben ser analizados.
Podemos leer en el Diario de Sesiones del Congreso de Diputados del 23 de
setiembre de 2003: “(…) Ahí está el informe de IPOSTEL, el Instituto Postal Telegráfico de
Venezuela, de 18 de julio de 2003, que deja bien a las claras la situación
fraudulenta del voto de residentes canarios en Venezuela, y eso es mucho más
grave que la contabilización de un puñado de votos.”
No podemos tampoco dejar de lado el hecho que en Uruguay, a diferencia
de muchos otros países, el voto es obligatorio. Punto de debate también pero
que ha sido una garantía de legitimidad en las urnas, pues un país donde el
voto lo ejercen solo un 30% de los ciudadanos y por ende quien surja electo lo
hará por menos de ese porcentaje, por ejemplo, podemos preguntarnos ¿qué
legitimidad tiene ese gobierno electo?, pero sin llegar al hecho mismo de la
dudosa legitimidad, pregúntese Ud. si fuera electo
Presidente, ¿no le gustaría saber ciertamente cuantos comparten sus ideas y
cuantos ciudadanos no?, ¿no le gustaría poner la cabeza en la almohada cada
noche sabiendo que efectivamente Ud. es el
representante de la mayoría de los ciudadanos? y diríamos más, de los
ciudadanos que Ud. va a gobernar, por que quien
vota consularmente no va a estar bajo su mandato, por mucho que le interese a
un compatriota en el exterior que a Ud. le vaya bien,
su mandato no le afectará en absoluto.
No nos dejemos engañar politizando partidariamente
un tema que trasciende este aspecto y abarca raíces mucho más profundas en los
deberes de los ciudadanos, muchas veces se habla de derechos, y reclamamos a
viva voz por ellos, pero derechos sin deberes no puede llamarse libertad, pues
sería la ley del que grite más fuerte para que le otorguen esos derechos,
subyugando los de quienes no pueden gritar tan alto. Los deberes nos otorgan el
derecho de disfrutar la libertad y dan garantías que mis derechos terminarán
donde comiencen los de los demás.
Jorge Afonso