La
actividad económica informal es a la vez consecuencia y causa de una situación
que a todos debe preocuparnos.
Quien
produce, vende o compra en los circuitos informales, lo hace en el supuesto de
obtener ventajas o beneficios que en el marco de la competencia desleal, no
hace otra cosa que perforar el sistema de organización social solidario del que
los uruguayos nos sentimos, aún, orgullosos.
La
industria y el comercio informal, no aportan por la vía de la evasión de los
tributos, ni a rentas generales, ni al sistema previsional lo necesario para
solventar las erogaciones comunitarias de cobertura social, vulnerando su
sustentabilidad.
Es
verdad que este fenómeno puede ser visto como una lamentable consecuencia de
problemas mayores, pero la inacción sobre estos en sí mismos puede resultar
nefasta.
Está
a consideración de la Cámara de Representantes, un proyecto de ley, presentado
por el Poder Ejecutivo que cuenta con sanción del Senado, que pretende establecer
mecanismos de fiscalización sobre los niveles de evasión crecientes que se
vienen observando en el mercado de bebidas cola y aguas en beneficio de las
industrias formalmente establecidas, sus trabajadores, los consumidores y el
comercio en general.
Es
este un ensayo que pretende actuar particularmente en un subsector del mercado,
al cual podrían seguir otro tipo de instrumentos a ser aplicados en otras áreas
de actividad que presentan síntomas igualmente preocupantes y sobre los que
también será necesario trabajar.
En
el caso del consumo de leche fluida, según estimaciones aportadas por los
operadores del sector, los niveles de irregularidad son del orden del treinta
por ciento. Por esto será necesario actuar revisando las normas de contralor existentes,
especialmente en las intendencias municipales, para procurar establecer una
tendencia fomalizadora de la actividad que resultará beneficiosa para todos los
actores.
Este
tipo de instrumentos permitirán en el mediano plazo, ser más optimistas para
avanzar sobre una necesaria rebaja de la carga tributaria que hoy comprime
nuestros niveles de actividad y consumo.
Empresas
formales generan puestos de trabajo legítimos y de calidad, eliminan la
precariedad y permiten atender la satisfacción de la demanda de bienes y
servicios en el funcionamiento de un mercado, que mientras que estas limitantes
no sean resueltas, seguirá funcionando en forma ineficaz e injusta.
Para
resolver esta encrucijada todos tendremos que trabajar en un mismo sentido: el
de construir una economía más fuerte, más sólida, que de respuesta adecuada a
nuestras demandas individuales y colectivas.