Cortinas de humo

 

 

Resultan profundamente preocupantes algunas de las actitudes y declaraciones que han tenido algunos actores políticos principalísimos del actual gobierno de nuestro país.

 

Con motivo del problema en el Instituto de Oncología del Pereyra Rosell, la impresentable Ministra de Salud Pública quiso culpar a uno de los médicos oncólogos más prestigiosos del Uruguay, el Dr. Ney Castillo, con una trayectoria de más de 25 años tratando el cáncer en niños. Claro…el problema es que el Dr. Castillo es colorado y hacia allí apuntaron los ponzoñosos comentarios de la jerarca que rápidamente fueron rectificados. Hoy sabemos que todo el episodio fue consecuencia de un gran acomodo de los amigotes de Tabaré Vázquez. La Ministra Muñoz tendría que haber renunciado para dedicarse al tamboril pero el honor y el orgullo parecen ser bienes escasos en los días que corren.

 

Lo que parecía ser un caso aislado, tuvo una lamentable reiteración, pero esta vez con implicancias políticas directas y no personales, cuando la Ministra de Desarrollo Social, la maestra Marina Arismendi, tuvo la feliz idea de explicar el motín en la Colonia Berro como una consecuencia de la incitación de funcionarios del INAU de tendencia blanca y colorada. Por supuesto que nadie en su sano juicio, salvo la Ministra acostumbrada a apoyar regímenes que utilizan la purga como medio de eliminación de rivales políticos, puede pensar que hay algo de verdad en este comentario. Resulta increíble que cuando el Partido Nacional o el Partido Colorado eran gobierno y el Frente Amplio oposición la culpa de todos los males la teníamos los partidos tradicionales. Hoy la situación es la inversa: el Frente es gobierno pero la culpa de las desgracias del país la seguimos teniendo otros.

 

Creo que estas actitudes no deben ser pasadas por alto mereciendo el más profundo de los rechazos. Y el repudio no puede ser tibio y diplomático; debe ser radical y extremo. Cuidado cuando por ocultar la propia inoperancia e ineptitud caemos en estas conductas que únicamente pueden conducir a una división de nuestro pueblo que puede tener derivaciones insospechadas.

 

Desde aquí le sugerimos al gobierno que de una buena vez comience a hacer alguna de las cosas a las que se comprometió. Y a sus jerarcas les pedimos, con humildad y con respeto, que si no están capacitados para llevar adelante las funciones que sus cargos requieren, que renuncien porque quien, en definitiva sufre las consecuencias de sus ineptitudes, son todos los ciudadanos. 

 

Alfredo Susena