Los
indicadores de evaluación de los gobiernos y los gobernantes son indicadores
que, como todos ellos, deben ser analizados
con la perspectiva de su evolución y la forma en que interactúan.
Los
índices de popularidad nos dan una lectura general y macro de cómo todos los
ciudadanos, ven la realidad. Cuanto más grandes, mejor. Aun así resulta
necesario reconocer que no solo es válido el dato fotográfico de un momento
dado sino también es menester estudiar la evolución de las cifras. Si se va
creciendo, mejor, en caso contrario aparecen los problemas.
Los
índices de confianza merecen un estudio similar, con una característica
particular que justifica otro tipo de estudio.
Si
bien para la popularidad da lo mismo que un gobernante sea aceptado o querido
por el que es más como el que es menos, en lo que refiere a la confianza, la
cosa cambia.
En
toda sociedad moderna se da el fenómeno de que desde el ángulo económico,
algunos son los que forman y toman decisión. Los comunicadores y los
empresarios son los más claros representantes de esos grupos de ciudadanos.
Es
lógico que no valga lo mismo la confianza que pueda tener alguien en sus
gobernantes, si este solo toma
decisiones de carácter individual, que si en las mismas se opera sobre opciones
en las que miles, o decenas de miles de personas pueden resultar afectadas.
El
gobierno y el Dr. Vázquez, hoy están en problemas, y, lamentablemente, en
consecuencia, lo estamos todos los uruguayos. Los índices de popularidad
(quizás los menos importantes) están en baja. Se puede decir que son muy altos,
y son los mejores de la región, pero notoriamente están cayendo. La evolución
es negativa.
Sin
embargo, lo más preocupante se da por el lado de la confianza.
La
confianza para los de adentro y para los de afuera de la casa. La falta de
claridad, la dualidad y la descoordinación con la que se ha venido actuando,
están empezando a hacer mella en los comunicadores y en los tomadores de
decisión. Ese es un muy mal dato. Y apenas van ciento y poco de días.