A
medida que pasa el tiempo, aquello de la orquesta desafinada en el quehacer
gubernamental envuelve día tras día la
totalidad del debate público.
Estamos
asistiendo a una especie de culebron de desencuentros, reproches y desautorizaciones
originadas en el oficialismo que irreversiblemente arrastra a todo el resto del
sistema, llámese oposición, medios de prensa,
la sociedad civil o nosotros mismos desde estas columnas, a discutir
precisamente y casi en exclusividad las consecuencias de estos acordes mal
tocados.
Se
podrá decir que son prioritarios, porque surgen del riñón del poder instalado,
que los dichos de un Secretario de Estado condicionan una futura acción del
Ministerio a su cargo, o que simplemente es divertido asistir a esta
telenovela, pero indudablemente, el estar de espectadores diarios de estos
entredichos comentando como chusma de barrio si tal Ministra dijo tal cosa y si
el Senador fulano la desautorizó y si se forma la comisión interministerial y
bicameral progresista para limar equis aspereza, aleja de la cotidiana angustia
que padecen miles de compatriotas.
Tenemos
que acostumbrarnos a ver plasmando en la realidad nuestros pronósticos, muchos
sabíamos que la izquierda distaba mucho de ser homogénea, durante todo el año
2004 se hicieron sesudos seminarios sobre la posición de un eventual gobierno
del Frente en determinados temas donde las conclusiones eran parecidas a lo que
estamos viendo en la actualidad y no precisamente por ello tuvieron un revés
electoral.
Que
nadie se extrañe pues si un Senador se hace el superhéroe en un motín de
infantos juveniles, ni tampoco por el cruce de declaraciones y correcciones que
se realizan a diario a lo largo y ancho de la estructura gubernamental, lo
extraño sería que estas cosas no pasaran dentro de un conglomerado que ni
piensa igual, ni tiene propósitos similares ni mucho menos comparte el futuro
político cuando el Dr. Vázquez se
retire.
Este
gobierno eligió el camino de la soledad para debutar en el arte de gobernar, unilateralmente
prefirió evitar los controles para sentirse más cómodo e inevitablemente se
alejaron de lo que podía ser un apoyo automático del resto de los partidos para
enfrentar las circunstancias provenientes de lo que Héctor Martín Sturla
plasmara en ley como la “ lógica de los hechos”.
Por
tanto a la hora de evaluar los ciento y pocos días de la novel administración,
más que analizar los resultados concretos, que salvo el acuerdo con el Fondo
Monetario no existieron, debemos de poner en el tapete público las soluciones a
los problemas reales que obligan un tratamiento urgente y dejar que la opinión
pública digiera las consecuencias de tener el
Poder Ejecutivo decenas de partidos que se unieron con el solo propósito
de acceder al poder.
Solo
priorizando lo fundamental de lo accesorio estaremos a la altura de las
circunstancias y de la expectativa popular, haciendo posible que se discuta la
competitividad de nuestra economía como único mecanismo de distribución de la
riqueza, propiciando una política de estado para atender la bofetada que
significa que en el Uruguay más de la mitad de los niños sean pobres,
articulando fehacientemente planes nacionales para atraer las inversiones que
paradójicamente imploran solamente tener un poco de sentido común para
cristalizarse.
No
olvidemos que la vorágine de estos tiempos ni permite el entretenimiento
chabacano, ni el desperdicio de oportunidades por parte de algunos que
parecería que siguen pensando el calve comité de base y sin asumir las
responsabilidades que les dio la gente.
Sebastián
da Silva