Inquietudes de un padre primerizo

 

Voy a ser padre. Hace tres días que tuve esa noticia y todavía me cuesta calmar la sensación de felicidad y enorme responsabilidad que la noticia conlleva. Con seguridad no existe en el mundo sensación tan plena ni milagro más hermoso que la de engendrar una vida y tener la posibilidad de traer al mundo un ser humano.

 

Pero además la certeza de la enorme responsabilidad que, como padres junto con Natalia, mi esposa, asumimos en lo que va a ser la formación y educación de nuestro hijo. Cuando se reciben este tipo de novedades y en una reacción que parece casi inherente a los seres humanos, comenzamos a contar pañales y a pensar en futuras reformas de nuestras casas, perdiendo de vista muchas veces que nuestro gran desafío se nos presenta en nuestro rol de educadores y formadores de, en definitiva, una futura personalidad. Es la forma que moldeemos a nuestro hijo en sus primeros años la que va a marcar a esa persona por el resto de sus días. E inmediatamente, y creo que como a cualquier padre primerizo, nos asalta la interrogante de qué tan buenos formadores podemos llegar a ser. Nos da la sensación de que tenemos mucho que aprender y poco tiempo para hacerlo pero que, en definitiva, lo que básicamente queremos es que sean buenas personas.

 

 Aspiramos además junto con mi esposa que nuestro hijo crezca en el mejor lugar del mundo. Un sitio en donde tenga la oportunidad de desarrollar sus vocaciones, cualesquiera que estas puedan llegar a ser, para que pueda transformarse en un individuo feliz. Que no exista coyuntura alguna que lo aleje de su familia porque sienta que su destino se haya en otro lugar que no sea el país que le vamos a enseñar a amar desde el mismo día de su nacimiento.

 

Todos los padres queremos que nuestros hijos se nos parezcan. En mi caso quiero que sean blancos, de Nacional y de Trouville. Pero, en definitiva, lo más importante es que nazcan sanos y que puedan ser hombres libres. Libres para elegir su propio destino sin ningún tipo de circunstancia determinante de sus vidas futuras. Por esta libertad es que nos comprometemos a pelear porque no basta solo con desearla o quererla sino que debemos luchar por ella desde los lugares que ocupemos en la sociedad. Este es un compromiso que quiero asumir más allá de mi condición de dirigente político. Es un simple compromiso de padre.

 

Alfredo Susena