Conveniencia

 

La verdad es que me resulta bastante difícil escribir un artículo acerca de la gestión que está llevando a cabo el gobierno porque uno debería sentarse durante horas y revisar todas y cada una de la promesas que la fuerza política gobernante hizo durante su campaña, para poder luego compararlas con lo que realmente ha hecho y conseguido durante este tiempo.

 

Recuerdo que cuando asumieron la dirección de nuestro país yo, como votante de nuestro partido, estaba triste. Sin embargo, como uruguaya pensé que lo mejor para nuestro bien común era tratar, respetando mis ideas y valores, de respaldar y respetar al gobierno porque al fin y al cabo, lo importante es lograr el bienestar de todos sin importar el gobierno de turno.

 

Lamentablemente, trece meses después, asumo que me equivoqué.

 

Es imposible encontrar, en cualquier ámbito que piense, alguna acción sustentable del gobierno. Parece que a pesar de proclamarse ¡izquierdistas!, ¡socialistas!, ¡comunistas!; jamás lograron una buena interpretación de lo que propuso su tan preciado Karl Marx.

 

Tengo la plena convicción de que si Marx asistiera al espectáculo que nos está brindando el gobierno pensaría, sin ninguna duda, que son un grupo de payasos haciendo una sátira del sistema que él propuso. Y más, no comprendería porqué en un país como el nuestro, alguien osa tratar de implantar un sistema que fue propuesto para un país en un momento determinado de la historia y con determinadas circunstancias; que por cierto en nada se parecen a las nuestras.

 

Marx cuando hablaba de igualdad entre las personas, se refería a una igualdad en la que todos tuvieran lo suficiente para vivir dignamente y más; y no a una igualdad en la que todos seamos pobres, ¿qué sentido tendría un sistema así???

 

Es evidente que Marx hubo sólo uno y que luego de él aparecieron infinidad de marxismos que lo interpretaron a su antojo y conveniencia.

Me duele ver como una y otra vez el gobierno que, irónicamente, se hace llamar “progresita”, da vuelta la cara y se tapa los oídos ante las necesidades del pueblo que tan amablemente le prestó su voto.

 

Su manera de utilizar el discurso es digna de un Sofista, hablan del país productivo, hablan de la baja en la tasa de desempleo, hablan del gasoil productivo, hablan de las inversiones extrajeras, hablan y hablan; y nunca, nunca dicen absolutamente nada.

 

Pero lo peor de todo es que ésta situación no va a cambiar porque al gobierno le conviene seguir haciendo alarde de su asistencialismo y para eso necesita que sigan habiendo pobres y necesitados y, principalmente, que nuestro querido país siga siendo tercermundista para poder mantener su política arcaica y su poder, que nunca sería tal en un país desarrollado.

 

Florencia González.-

Juventud 903