Daño país

 

 

Quienes leemos artículos de actualidad económica, estamos acostumbrados a la expresión “riesgo país”, que es un guarismo que mide la estabilidad y vulnerabilidad del desempeño económico de un país.

 

En el año 2002, luego de la crisis financiera, lo vimos remontar a valores insospechados y luego de que se estabilizara el País y comenzara la senda del crecimiento (la herencia maldita que le dicen), lo vimos decrecer, es decir es variable por naturaleza y obedece a señales que da el sistema.

 

Con este Gobierno Progresista, nos enfrentamos con la necesidad acuñar un nuevo término que refleje aquellos mensajes que por tan poderosos y negativos, son de por si generadores de impacto en el “riesgo país” y de efecto casi permanente (por lo menos durante el período de gobierno en curso), lo que los hace más peligrosos, dado que no permite a corto plazo una recuperación de las condiciones anteriores. Ese término debería ser el de “daño país”.

 

Daño país” es cuando el Presidente de la República luego de haber dicho en conferencia de prensa en acuerdo de ministros en Sta. Teresa que no nos iban a “patotear”, luego dice por televisión en una capital sudamericana, ante más de tres millones de televidentes uruguayos, que le va a pedir a empresas con inversiones millonarias en curso, que detengan esas inversiones que dan trabajo a miles de compatriotas.

 

¿Qué está enviando como mensaje nuestro Primer Mandatario a los posibles inversores que quisieran venir al Uruguay?:  Señores miren que si Ud. invierten en nuestro País puede que se nos ocurra que detengan sus negocios. Señores miren que en este Paisito el Gobierno Progresista pone por delante una banda de ilegales piqueteros extranjeros a aquellos que ponen su capital, esfuerzo y conocimiento dentro del marco legal y en nuestro País para generar legítimamente riqueza.

 

Desgraciadamente no quedó en eso. Al día siguiente en otra capital latinoamericana quiso explicar lo inexplicable: que en realidad no dijo lo que dijo, aunque lo vimos todos por TV.

 

Además de lo dicho a título expreso, subliminalmente esta dejando patente que el responsable de la Administración Nacional, hoy dice una cosa y mañana otra.

 

Pero la frutilla sobre la torta fue cuando el Secretario de esa misma Presidencia, que un día se desdice y otro también, igual que su gabinete como veremos más adelante, le quiere echar las culpas del fracaso de las negociaciones no a la ineptitud de la Cancillería Progresista en general y de nuestro Presidente en particular, sino a una de las empresas, por solo detener las obras por 10 días.

 

Si no le gusta la sopa del “daño país” dos platos y pasemos entonces al tan mentado tratado de libre comercio con EE.UU. (TLC).

 

En el mismo consejo de ministros en que el Compañero Presidente Tabaré dijo que no nos iban a “patotear”, les argumentó a sus Ministros que ¿cómo no íbamos a tener un TLC con EE.UU. si hasta Vietnam, después de la feroz guerra y todo lo que pasó entre ellos lo tenía? Al mes y poco estaba ante la televisión venezolana y un auditorio chavista, en forma estentórea afirmando que de ninguna manera Uruguay iba a tener un TLC con EE.UU. y no estaba en la agenda del Gobierno; el colmo fue que ese mismo día el ministro de Economía Cr. Danilo Astori, dijo que estábamos en el camino de un acuerdo con los EE.UU. y hoy hay una delegación del Gobierno en Washington tratando acuerdos comerciales.

 

¿Que le están diciendo a nuestro hoy principal comprador que es EE.UU. (1.000 millones solo en carne)?:  No nos interesan sus inversiones, llévense sus dólares a dar trabajo y empleo a otra parte; por si esto fuera poco, andan a los abrazos con el golpista fracasado de Presidente Chávez, que todos los días arremete contra los norteamericanos. Inteligente estrategia comercial ¿no?

Dejando el comercio exterior, podríamos seguir con los dimes y diretes entre las jerarquías del Gobierno: el Ministro de Economía diciendo reforma de la salud para el año que viene 2007 (Cr. Astori en la mañana) y con la Ministra de Salud Pública diciendo reforma de la salud para este año 2006 (Dra. María Julia Muñoz en la tarde) y al Secretario de la Presidencia (Dr. Gonzalo Fernández al otro día) desmintiendo a la Ministra de Salud Publica.

 

Sin palabras.

 

Otro lindo ejemplo del “daño país” es lo que ocurre en materia laboral, desregulando las normas para las ocupaciones, luego diciendo que se va a hacer una ley regulando las ocupaciones y terminándolo haciéndolo por decreto. Los empresarios y los trabajadores muy contentos y seguros de las reglas de juego en sus relaciones laborales.

 

Estos son los ejemplos más patentes (por no decir patéticos) del “daño país” que este Gobierno Progresista le inflige a nuestro Uruguay.

 

Las señales del “Cambio” son pésimas y dicen: no sabemos a donde vamos ni que hacer en política internacional, no sabemos a donde vamos en comercio exterior, no sabemos que hacer ni cuando con la salud, no sabemos que hacer con las relaciones laborales, no sabemos como aplicar el marco legal vigente ni respetamos las reglas de juego y menos respetamos al inversor.

 

El “daño país” es tremendo y todos los uruguayos no perjudicamos, desde el operador turístico que ve frustrada su temporada por lo pusilánime de nuestra Cancillería, hasta el ciudadano que ve frustrada su legítima esperanza de un trabajo por una nueva inversión por las declaraciones erráticas del Presidente. Eso sí, los oímos con orgullo hablar de la deuda y de la bicicleta financiera que nos ahorra 8 millones en 16.700 millones, pero nada dicen de que en poco más de 400 días de Gobierno Progresista ya nos endeudaron en 2.000 millones más, es decir por encima del 10% de la deuda anterior (aquella que en el 2002 cuando el País se hundía y no había más remedio, vociferaban en las Cámaras que no la pagarían ni nuestros nietos). Esta deuda externa, incrementada para pagar un presupuesto inflado con nuevos cargos de confianza y funcionarios públicos, un plan de emergencia denigrante para el ciudadano e inconducente, también es “daño país”.

 

Pero como decía Tabaré: Festejen uruguayos, festejen y yo agrego: que queda un año menos.

 

Agustin Cobas