Derecho a lo mío, derecho a lo sindical
Me
cansé de escuchar al ahora retirado Sr. Castillo y otros, el pregonar el
derecho a la ocupación de propiedades privadas como una extensión del derecho
de huelga en términos casi omnipotentes. Me hartó tanta arbitrariedad y ese
apabullar por reiteración a la consciencia de los ciudadanos, tratándolos de
tontos, haciendo de un posible derecho la aplicación de un libertinaje burdo.
Hoy
los sindicatos se hacen pedazos gracias a tantos años de adoctrinamiento falso
en manos de la izquierda, un adoctrinamiento que hoy se vuelve en su contra
como reiteradas veces lo habíamos advertido. Los sectores radicales se
destrozan en incongruencias por un dogma aprendido y una práctica a flor de
piel que obedece al mundo real y no al ilusionismo barato de un Marx que se
creó un escenario para sí y para poder hacer posible la teoría de la lucha de
clases, lucha que ni en su época se dio jamás, simplemente por la movilidad de
los propios ciudadanos en segmentos sociales muy amplios. ¿Se imagina a un
Sendic hoy hablando en un tablado sobre lucha de clases con su remera Lacoste y
sus manos de manicura?, ¿se imagina a un “Pepe” Guerra vociferando al respecto
en un escenario cuando uno de sus últimos discos lo financió Coca-Cola?.
Pero
de todo esto la cosecha más putrefacta del sindicalismo ma’pior entendido,
dijera Inodoro Pereira, es la de las huelgas y
ocupaciones, con patente para transformarse en actos vandálicos.
Ocupaciones que este gobierno, “amigo del PIT-CNT”, está revirtiendo sin
miramientos, sacando del forro del …. a sindicalistas ocupando. (¿vio
¿Se
reconoce el derecho de ocupación dentro de
En
Uruguay la ocupación, desde que asumió este gobierno viene siendo ejecutada por
los sindicatos como medio previo a la expropiación de las fábricas y lugares de
trabajo para crear un mundo idílico comunista de una cooperativa. La excusa es
generalmente la deuda de patrón o la simple amenaza de cierre de la fuente laboral.
Ha
habido casos indiscutiblemente exitosos y que han actuado en el pleno goce del
derecho y no me merecen la más mínima crítica y celebro su concreción como la
de “En vidrio”, un caso emblemático del esfuerzo de los que nos rompemos el
alma trabajando y dejamos todo en pro del trabajo y un pasar digno.
Pero
de eso al general de las ocupaciones hay un trecho largo, donde se han
transformado en meros intentos de expropiación forzosa, con daños cuantiosos a
la propiedad privada, robo, desvalijamientos y previamente un juego maldito de
buscar, aparentemente, hacer quebrar a la mano que te alimenta para quedarte
con todo.
Los
sindicatos han pregonado un muy mal ejemplo de entender la propiedad de las co
El
empresario, cumpliendo con todos y cada uno de los requerimientos legales,
puede cerrar cuando se le antoje, mudarse y demoler su empresa si así lo quiere. Un negocio debe ser rentable y si
no lo es, y se mantiene, se transforma en un generador de deudas que asume el
empresario y no sus obreros, pero peor aun, e
Si
tengo un carrito de chorizos y digo “cierro y me voy”, es por que cierro y me
voy, a e
Los
derechos y deberes no cambian por la dimensión de un negocio, podemos decir que
el peso moral o ético para un empleador con varias familias detrás de sus
obreros puede verse afectado, pero me guste o no, le guste o no, las reglas de
juego son e
No
es posible que cada empresa que decida cerrar o cambiar su ritmo de trabajo o
producción se transforme en una bandera de reivindicaciones mal entendidas de los que un patrón debería
tener como obligaciones. Dicho de otra manera, si cierro mi empresa, pago los
despidos y cumplo las formalidades ante DGI, MTSS, etc.,… debería terminar allí
la odisea de un negocio que por equis motivos no funcionó.
Es
fácil para el Sr. Castillo levantar banderas sobre trabajo y lugares de trabajo
cuando él mismo en
Para
terminar, también son muy cuestionables las decisiones de ocupar o ir a la
huelga por minorías de los lugares de trabajo, aun siendo mayorías.
Tú
tienes derecho a la huelga, pero yo al trabajo: Constitución: Artículo 36.- Toda persona puede dedicarse al trabajo,
cultivo, industria, comercio, profesión o cualquier otra actividad lícita.
¿Lo
quiere poner más interesante?, Constitución: Artículo 54.- La ley ha de reconocer a quien se hallare en una relación
de trabajo o servicio, como obrero o empleado, la independencia de su
conciencia moral y cívica; (…).
Dicho de otra manera, si no tengo un compromiso por afiliación, mi
conciencia y mi independencia moral dicta mi actuar y si deseo ir a trabajar,
debo poder hacerlo y no encontrarme con una patota de 20 sindicalistas entre
100 empleados que puede tener una fábrica, que me impida ingresar a trabajar.
Llámeme “carnero”, “mal compañero”, pero mi independencia moral y mi libertad
no la puede coartar aquello con lo que no estoy de acuerdo y yo estando siempre
dentro de la ley.
Menos
del 20% de todos los trabajadores del país están agremiados, ¿son
realmente los sindicatos una expresión representativa de los que nos deslomamos
todos los días. ¿Piénselo?.
Hay
un sindicalismo real, hay un modelo de agremiación que realmente lucha por los
trabajadores, pero no está en mi país, curiosamente está en países donde más se
reprime el sindicalismo o en aquellos países que desde acá se los acusa de no
ser libres.
Yo
quiero un sindicato como los polacos, los alemanes, los norteamericanos, los
franceses. Quiero un sindicalismo bien entendido y no una fantochada que solo
sirve a los intereses de los dirigentes y como trampolín político para los
acomodados de siempre. Nos quejamos de los políticos, pero bichos más políticos
que los dirigentes sindicales no creo que existan en este paisito.
Juan Vital