Derecho a lo mío, derecho a lo sindical

 

Me cansé de escuchar al ahora retirado Sr. Castillo y otros, el pregonar el derecho a la ocupación de propiedades privadas como una extensión del derecho de huelga en términos casi omnipotentes. Me hartó tanta arbitrariedad y ese apabullar por reiteración a la consciencia de los ciudadanos, tratándolos de tontos, haciendo de un posible derecho la aplicación de un libertinaje burdo.

 

Hoy los sindicatos se hacen pedazos gracias a tantos años de adoctrinamiento falso en manos de la izquierda, un adoctrinamiento que hoy se vuelve en su contra como reiteradas veces lo habíamos advertido. Los sectores radicales se destrozan en incongruencias por un dogma aprendido y una práctica a flor de piel que obedece al mundo real y no al ilusionismo barato de un Marx que se creó un escenario para sí y para poder hacer posible la teoría de la lucha de clases, lucha que ni en su época se dio jamás, simplemente por la movilidad de los propios ciudadanos en segmentos sociales muy amplios. ¿Se imagina a un Sendic hoy hablando en un tablado sobre lucha de clases con su remera Lacoste y sus manos de manicura?, ¿se imagina a un “Pepe” Guerra vociferando al respecto en un escenario cuando uno de sus últimos discos lo financió Coca-Cola?.

 

Pero de todo esto la cosecha más putrefacta del sindicalismo ma’pior entendido, dijera Inodoro Pereira, es la de las huelgas y  ocupaciones, con patente para transformarse en actos vandálicos. Ocupaciones que este gobierno, “amigo del PIT-CNT”, está revirtiendo sin miramientos, sacando del forro del …. a sindicalistas ocupando. (¿vio la TV estos días?)

 

¿Se reconoce el derecho de ocupación dentro de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)?, si efectivamente, pero en condiciones muy especiales, por ejemplo también reconoce que la ocupación no puede permitirse o debe interrumpirse si se torna violenta o daña la propiedad privada (OIT, 1994a, párrafo 174 / Revista OIT, vol.117, nº4, 1998, pág 12).

 

En Uruguay la ocupación, desde que asumió este gobierno viene siendo ejecutada por los sindicatos como medio previo a la expropiación de las fábricas y lugares de trabajo para crear un mundo idílico comunista de una cooperativa. La excusa es generalmente la deuda de patrón o la simple amenaza de cierre de la fuente laboral.

 

Ha habido casos indiscutiblemente exitosos y que han actuado en el pleno goce del derecho y no me merecen la más mínima crítica y celebro su concreción como la de “En vidrio”, un caso emblemático del esfuerzo de los que nos rompemos el alma trabajando y dejamos todo en pro del trabajo y un pasar digno.

 

Pero de eso al general de las ocupaciones hay un trecho largo, donde se han transformado en meros intentos de expropiación forzosa, con daños cuantiosos a la propiedad privada, robo, desvalijamientos y previamente un juego maldito de buscar, aparentemente, hacer quebrar a la mano que te alimenta para quedarte con todo.

 

Los sindicatos han pregonado un muy mal ejemplo de entender la propiedad de las cosas y hacernos creer que las fábricas y las empresas son de los trabajadores. No señores, las empresas son de los empresarios y las fábricas de sus dueños. Son negocios, no son centros de bienestar social, no son sucursales del MIDES ni mucho menos lugares de dádiva.

 

El empresario, cumpliendo con todos y cada uno de los requerimientos legales, puede cerrar cuando se le antoje, mudarse y demoler su empresa si así  lo quiere. Un negocio debe ser rentable y si no lo es, y se mantiene, se transforma en un generador de deudas que asume el empresario y no sus obreros, pero peor aun, esas deudas pueden ser con la paga de los obreros y allí la situación se torna insostenible para el patrón ya que se le vendrá encima la obligación para con personas y no simplemente con cosas como el edificio o sus máquinas.

 

Si tengo un carrito de chorizos y digo “cierro y me voy”, es por que cierro y me voy, a esas dos empleadas del carrito no se les ocurre ocuparlo, ¿por la pequeña dimensión del negocio?, no, simplemente por que el patrón cerró en todo su derecho y punto. ¿Por qué no puede entenderse eso en una empresa de mayor dimensión?, ¿Por qué tiene mayor impacto por emplear a más gente?,….ese puede ser un motivo, PERO, aun en este caso nos estamos olvidando de algo…

 

Los derechos y deberes no cambian por la dimensión de un negocio, podemos decir que el peso moral o ético para un empleador con varias familias detrás de sus obreros puede verse afectado, pero me guste o no, le guste o no, las reglas de juego son esas y esa es la democracia en materia de mis derechos como ciudadano de elegir el trabajo y sustento que desee y si un buen día decido cambiar, lo puede hacer.

 

No es posible que cada empresa que decida cerrar o cambiar su ritmo de trabajo o producción se transforme en una bandera de reivindicaciones  mal entendidas de los que un patrón debería tener como obligaciones. Dicho de otra manera, si cierro mi empresa, pago los despidos y cumplo las formalidades ante DGI, MTSS, etc.,… debería terminar allí la odisea de un negocio que por equis motivos no funcionó.

 

Es fácil para el Sr. Castillo levantar banderas sobre trabajo y lugares de trabajo cuando él mismo en la ANP pidió traslado a una draga que hace meses estaba en dique seco.

 

Para terminar, también son muy cuestionables las decisiones de ocupar o ir a la huelga por minorías de los lugares de trabajo, aun siendo mayorías. La misma OIT advierte que no puede interrumpirse el ingreso a los trabajadores no afiliados que deseen ejercer SU DERECHO a trabajar…

 

Tú tienes derecho a la huelga, pero yo al trabajo: Constitución: Artículo 36.- Toda persona puede dedicarse al trabajo, cultivo, industria, comercio, profesión o cualquier otra actividad lícita.

 

¿Lo quiere poner más interesante?, Constitución: Artículo 54.- La ley ha de reconocer a quien se hallare en una relación de trabajo o servicio, como obrero o empleado, la independencia de su conciencia moral y cívica; (…).  Dicho de otra manera, si no tengo un compromiso por afiliación, mi conciencia y mi independencia moral dicta mi actuar y si deseo ir a trabajar, debo poder hacerlo y no encontrarme con una patota de 20 sindicalistas entre 100 empleados que puede tener una fábrica, que me impida ingresar a trabajar. Llámeme “carnero”, “mal compañero”, pero mi independencia moral y mi libertad no la puede coartar aquello con lo que no estoy de acuerdo y yo estando siempre dentro de la ley.

 

Menos del 20% de todos los trabajadores del país están agremiados, ¿son realmente los sindicatos una expresión representativa de los que nos deslomamos todos los días. ¿Piénselo?.

 

Hay un sindicalismo real, hay un modelo de agremiación que realmente lucha por los trabajadores, pero no está en mi país, curiosamente está en países donde más se reprime el sindicalismo o en aquellos países que desde acá se los acusa de no ser libres.

 

Yo quiero un sindicato como los polacos, los alemanes, los norteamericanos, los franceses. Quiero un sindicalismo bien entendido y no una fantochada que solo sirve a los intereses de los dirigentes y como trampolín político para los acomodados de siempre. Nos quejamos de los políticos, pero bichos más políticos que los dirigentes sindicales no creo que existan en este paisito.

 

 

Juan Vital