El milagro Irlandés a las puertas del Uruguay del mañana

 

Irlanda en los 80 se encontraba estancado, con una deuda pública (160 por ciento del PBI) y una tasa de desempleo superior al 15%; sin embargo hoy, es una de las más prosperas economías de Europa, con un ingreso per-capita que compite con los mejores de Europa, cuenta con pleno empleo y una relación deuda / PBI inferior al 40%, todo lo que se debió a un proceso adecuado y sostenido de crecimiento, a una tasa promedio del 9% anual, que llevo a triplicar su PBI y transformar a ese país en una de las economías más dinámicas del mundo.

 

Cuando uno analiza lo anterior ser pregunta ¿Cómo pudo uno de los países más pobres de Europa y tradicional expulsor de población realizar este milagro? ¿Por qué Irlanda logró consolidar un modelo de crecimiento sostenido y estable?

 

Una de las respuestas se encuentra en el sector externo y las inversiones extranjeras, especialmente de Estados Unidos, que actualmente proporcionan casi el 50% del empleo industrial; las exportaciones durante la década pasada crecieron a una tasa promedio superior al 12% anual, todo lo cual se  debió al ingreso masivo de inversiones orientadas a sectores de alta tecnología (high-tech) como electrónica, software, químicos y farmacéuticos, los que representan las tres cuartas partes del total exportado.

 

Otra respuesta se encuentra en el rol del Estado en diferentes aspectos, institucionales, económicos y sociales, las que llevaron a la consolidación de un modelo de crecimiento exitoso e integrador; dentro de las cuales encontramos el Objetivo prioritario de desarrollo el que consistió en identificar sectores en que el país podría llegar a destacarse internacionalmente en función de sus posibilidades y desarrollo de ventajas competitivas, para luego concentrarse en su promoción y atracción de las inversiones necesarias, nacionales o extranjeras, como por ejemplo de high-tech y ciertos servicios, como cuidado de la salud (healthcare) y telemarketing, tomando en cuenta su capacidad de proporcionar divisas y empleo.

 

Asimismo no se debe olvidar que la promoción sectorial y la captación de inversiones privadas requiere tanto de un clima favorable de previsibilidad como de estímulos particulares, así fue que Irlanda al ser miembro de la Unión Europea logró las ventajas propias del acceso a un mercado de 400 millones de consumidores, así como restricciones en la utilización de subsidios e instrumentos de política crediticia y cambiaria sumado a la necesidad de desenvolverse en el marco del modelo europeo de seguridad social.

 

Pero quizás lo mas destacable se encuentre en el Acuerdo Social  (1987) logrado entre empleadores, sindicatos y gobierno el que se convirtió en la herramienta sustancial de planificación utilizada por Irlanda, permitiéndole obtener previsibilidad y estabilidad en sus decisiones económicas, encontrando las soluciones adecuadas para resolver los desafíos de cada coyuntura, lo que se negocia, cada tres años, a través de programas tripartitos que establecen parámetros de política fiscal, económica y social.

 

Primero se negoció el controlar la grave crisis económica y luego se concentraron en diseñar un rumbo hacia la recuperación y prosperidad en el marco de la integración europea; los acuerdos más recientes fueron negociados dentro de un contexto de crecimiento económico excepcional y un mercado laboral ajustado, tratando de que se abarque la cooperación entre la dirección empresaria y los sindicatos al nivel de las empresas, modernizando y reorientando la manera en que se brindan los servicios públicos y la capacitación laboral.

 

Los empleadores y trabajadores se han ido convirtiendo en los elementos centrales de la planificación económica y social del país, lo que ha dado como resultado el incremento de productividad de la economía en su conjunto y la reducción de la conflictividad social.

 

Finalmente encontramos la Capacitación, es decir una fuerte inversión destinada a la mejora de su sistema educativo, considerado uno de los más adelantados de Europa, permitiendo elevar la calidad de sus recursos humanos, ya que, quienes deciden invertir en Irlanda saben que podrán disponer de profesionales, técnicos y mano de obra calificada y competente para la realización de sus emprendimientos.

 

El milagro Irlandés debe influir en el Uruguay del mañana, nuestro país debe seguir el ejemplo, el cual encuentra su base en el desarrollo social  y económico de los países asiáticos.  

 

Nicolás Orrico