AUTODETERMINACION PARA LA INTEGRACION

 

Tal cual habíamos anunciado hace unas semanas el proceso de integración del ALCA se va desgranando.  El mundo cambió, las administraciones también y la realidad del día a día  hace prácticamente imposible los cumplimientos del calendario integracionista marcado por el gobierno de Clinton para la consolidación del ALCA en el inicio del 2005.

 

La polémica, las visiones y hasta los plebiscitos quedarán para más adelante.

 

Por el contrario observamos en nuestra región una sincera vocación de poder hacer realidad parte de los enunciados previstos en el Tratado de Asunción de 1991.

 

Al impulso de coincidencias políticas, los renovados gobiernos de Argentina y Brasil procuran con profundos simbolismos hacer del Mercosur la prioridad de sus respectivas Cancillerías.

 

Desde la asunción de Kirchner se pone sobre la mesa y como ejemplo de que es el momento de consolidar el Acuerdo, la creación de órganos supranacionales que en forma similar a la Unión Europea adopten las medidas comunitarias tendientes a la tan deseada consolidación integradora.

 

Atrás quedaron devaluaciones imprevistas, competencias desleales tanto por subsidios estaduales como por dumpings directos o la recordada prefinanciación de importaciones asumida en el anterior gobierno argentino.

 

Podríamos enumerar cientos de casos reales que desde el 91 a la fecha, cuestionan por intereses legítimos pero absolutamente nacionales el ánimo cuasi perfectista que animan tanto a Buenos Aires como a Brasilia en la actualidad, que al interior de la economía uruguaya producen un efecto devastador y que en su génesis es solo explicable por las gigantescas asimetrías que existen con nuestros países hermanos.

 

Como reconocemos los beneficios alcanzados por el Mercosur, el desarrollo comercial obtenido hasta la debacle iniciada en el 99 es que somos partidarios de colocar en un claro primer lugar las relaciones regionales.

 

Cosa distinta parecería trasladar las asimetrías políticas a las asimetrías económicas y aceptar pacíficamente dictámenes surgidos por voluntades foráneas expresadas en un Parlamento Comunitario.

 

Si al igual que en los noventa existe voluntad política integracionista, el Mercosur con sus más diversos órganos está en condiciones de encontrar los caminos de entendimientos para poder allanar sus dificultades.

 

Recordemos la dinámica de aquellos años, donde una vez inaugurado el primer puente entre Argentina y Brasil en Uruguayana –Paso de los Libres- se desencadena el proceso al que el Gobierno de Sanguinetti había sido renuente y que solo la visión del gobierno nacionalista pudo insertar con iguales condiciones a nuestro País en este formidable mercado un tiempo record de menos de 18 meses.

 

Asunción y los diferentes Protocolos posteriores dan origen a diferentes ámbitos en donde en teoría y reiteramos en condiciones absolutamente igualitarias los países miembros pueden dirimir sus controversias.

 

Consejo Mercado Común, Grupo Mercado Común, Foro Consultivo y Social, Foro Consultivo y de Concertación Política, Comisión Parlamentaria Conjunta, Comisión de Comercio y la Secretaría Técnica del Mercosur son todas apuestas al óptimo entendimiento y al necesario consenso que no rozan ni por asomo la imprescindible autonomía y autodeterminación que el Uruguay viene construyendo desde setiembre de 1828.

 

Colocar el interés nacional por sobre todas las cosas constituye, fieles a una histórica tradición diplomática, el pilar más importante de nuestra evolución de orientales a uruguayos, y no existe causa económica alguna que pueda justificar renunciar en un milímetro a estas condiciones.

 

Si existe el determinismo histórico, que creo que si, el Uruguay con su tamaño, su población y su peso específico no puede nunca renunciar a su propia identidad y la misma no debe ser sometida a las mayorías que por la lógica numérica podría someterse en un Parlamento Comunitario.

 

Perfeccionemos el Mercosur, renovemos sus órganos, negociemos con inteligencia y así encontraremos el camino para el desarrollo justo de nuestra región.

 

Sebastián Da Silva