SIN PARLAMENTO NUNCA MÁS
En
estos días recordamos los treinta años de la negra página de nuestra historia
escrita con tintas de odio, rencor y enfrentamiento fratricida por las que se
acallaron, por la fuerza, las voces de los representantes del pueblo con la
disolución de las Cámaras del Parlamento Nacional.
El
Presidente de la Cámara de Representantes, Dr. Jorge Chapper, tomó la acertada
y oportuna iniciativa de evocar los acontecimientos, utilizando la frase con
que titulamos esta nota, para sintetizar con justicia, lo que constituye para
todos los uruguayos un desafío permanente.
El
Parlamento, es la piedra angular del funcionamiento civilizado de la Sociedad,
sobre la base de la representatividad democrática, la que asegura en todos los
casos, en que el proceso de búsqueda de las soluciones colectivas, las voces de
los más y de los menos tengan la
oportunidad de hacerse oír.
Tenemos
los uruguayos, es verdad, una fuerte vocación democrática. Pero no es menos
cierto, que a través de ese mecanismo autocrítico que viene como equipamiento
standard en todos los Orientales, que a veces resulta, que le asignemos al
Parlamento la culpa de todos los males.
Es
así como, y a este tema nos referimos en la primer entrega de “Compromiso”, que
de tanto en tanto aparecen en el escenario de la dialéctica política,
propuestas de desarticulación de ese “monstruo” culpable de todos los males
como parecería serlo el Parlamento. Y aparecen las propuestas de achicar,
reducir, eliminar y desarmar, el andamiaje plural, representativo y defensor de
las minorías, que en nuestro País, y en todo el mundo ha sido probado como el
menos malo de todos los sistemas.
Nosotros
creemos firmemente en la vigencia de Parlamento, y aún vamos más allá,
entendiendo que lo que se debería abordar no es una desarticulación sino un
fortalecimiento del instituto adecuando su rol a los tiempos en que vivimos.
Con
un sistema que definitivamente dejó de ser bipartidista, se hace imprescindible
adaptar el funcionamiento a las nuevas realidades que vivimos. Con un esquema
de gobierno parlamentario, donde en las Cámaras se diseñen y se apliquen las
políticas de Estado que cada día más son impostergables en la construcción de
una nueva República basada sobre los principios de igualdad y justicia tan
arraigados en nuestra cultura Nacional.
Para
todo esto, el Parlamento es imprescindible e insustituible por lo que
reconociendo nuestros errores del pasado es que hoy debemos todos juntos,
gritar, muy fuerte y muy alto, para que este sentimiento llegue de generación
en generación a todos los uruguayos, los de ayer, los de hoy y los de mañana:
NUNCA MAS SIN PARLAMENTO, NUNCA MAS
Álvaro Alonso