LA REPRODUCCION DE LA SOCIEDAD URUGUAYA:

Una realidad inaceptable que debemos cambiar.

 

La reproducción de la sociedad uruguaya descansa fundamentalmente en las clases menos privilegiadas.  Del total de niños que nacen anualmente en Uruguay (53.000 aproximadamente), un 40 por ciento son hijos de mujeres que viven en hogares con sus necesidades básicas insatisfechas (NBI).  Esta cifra no coincide con el porcentaje de mujeres en edad reproductiva que viven en hogares con sus NBI (aproximadamente un 20 por ciento).  Esto se explica porque la tasa de fecundidad de este grupo de mujeres es muy superior (casi el doble) que la del resto de las mujeres de nuestro país.

 

Las causas de esta elevada tasa de fecundidad de las mujeres pobres son múltiples: alto número de adolescentes que tienen hijos, embarazos no planificados o deseados, utilización inapropiada o no utilización de métodos anticonceptivos, escala diferente de valores, carencias educativas, y otras.

La no corrección rápida de esta situación puede costarle muy caro a la sociedad uruguaya a mediano y largo plazo.

 

Hagamos una proyección conservadora: 40 de cada 100 uruguayos que nacen hoy, lo hacen en hogares pobres. Estos niños crecen en hogares con carencias, se educan en su hogar y en la escuela pública, que no todos terminan. Muchos de estos niños piden limosna en los semáforos de Montevideo en vez de concurrir a la escuela.

En 15 a 20 años tendremos adolescentes que a su vez, como lo han hecho sus madres, se convertirán en madres adolescentes (actualmente el 25% de las madres pobres son adolescentes de menos de 19 años). 

En este punto conviene aclarar que, contrariamente a lo que muchos piensan la mayoría de los embarazos de las adolescentes son buscados o aceptados por estas, muchas veces como forma de realizar un proyecto de vida, independizarse de los padres, tener un logro personal que no han encontrado en la educación ni en el trabajo.

 

En contraposición, solamente el 7% de las madres del sistema privado son adolescentes. Los factores que contribuyen a esta gran diferencia están vinculados fundamentalmente a la educación (conocimiento en anticoncepción, proyecto de vida que incluye educación secundaria y superior antes que la maternidad), pero no podemos descartar una mayor tasa de abortos provocados en este grupo de mujeres.

 

A la luz de estas cifras, en 15 a 20 años por lo menos el 50% de los uruguayos van a nacer en hogares pobres. De no cambiar drásticamente esta situación el Uruguay pobre va a ganar progresivamente lugar al Uruguay no pobre.

 

Esta espiral de pobreza requiere que la sociedad destine recursos en programas mantenidos de asistencia adecuada a las familias pobres.  Debe brindarse educación en anticoncepción y acceso fácil a los métodos anticonceptivos a las mujeres de los hogares con necesidades básicas insatisfechas, para que puedan evitar tener hijos no deseados.

 


El Ministerio de Salud Pública, en colaboración con las Intendencias está desarrollando en forma acertada un programa de entrega gratuita de métodos anticonceptivos en todo el país. Estas acciones adecuadas e imprescindibles deben fortalecerse y mantenerse en el tiempo (una tarea difícil en el Uruguay), a lo largo de los gobiernos, como una política de estado.  También es necesario que se logre acceso adecuado a los métodos anticonceptivos en todos los rincones del país, punto que el MSP tiene claro.

 

Sin embargo actualmente falta una política adecuada y programas de educación continua en anticoncepción, tanto de los usuarios como de los trabajadores del sistema de salud (médicos, enfermeras, parteras, administrativos).  

Además deben hacerse en forma regular campañas educativas por los medios de información que permitan a todos conocer la existencia de estos programas, de forma de lograr una paternidad-maternidad responsable.

 

Si queremos que estos programas tengan impacto adecuado necesariamente requieren incluí r educación en sexualidad y anticoncepción en los programas curriculares de educación primaria, ya que la mayoría de los niños y niñas de familias pobres no acceden a la enseñanza secundaria. Este último punto es una asignatura pendiente de la sociedad uruguaya.

 

Mientras sigamos pensando que nuestros escolares son muy pequeños para recibir educación sexual y sobre anticoncepción en el sistema formal de la escuela   - dejando como hasta ahora estos temas para la discusión en el ámbito familiar, que por otro lado frecuentemente se omite  - seguiremos llegando tarde. Si seguimos dejando la educación en salud sexual y reproductiva para los liceales, estamos privando de la misma a la población más desprotegida, los más pobres, los que no acceden a la educación secundaria.  Y esa ignorancia contribuye a que el sector más pobre de nuestra sociedad sea el que más se reproduce.

 

Del total de niños y niñas que estamos educando hoy en una escuela pública, gratuita y obligatoria, el 20 por ciento provienen de hogares pobres.  Ellos serán en 15 a 20 años los que den nacimiento a más de la mitad de los uruguayos del futuro.

 

Parece lógico concluir que, además de la necesaria reactivación del trabajo y del ingreso de los hogares, no puede evitarse incluir  programas de educación sexual y anticoncepción en el último año de enseñanza primaria - cuando menos.  La discusión y resolución de este punto le corresponde al Consejo Nacional de Enseñanza Primaria.

 

La sociedad uruguaya es resistente al cambio, y sobre todo si este incluye algo relacionado con la sexualidad como lo es la anticoncepción.  Sin embargo si no acompañamos las medidas tendientes a la recuperación del país con un cambio fundamental en la educación de nuestros niños y niñas, la brecha entre ricos y pobres se incrementará a expensas de una mayor reproducción de los pobres.

 

Dr. Justo Alonso Tellechea